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Desde Palermo al futuro: estudiantes crearon un robot para acompañar a niños

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La educación técnica de la Ciudad vuelve a ofrecer una señal concreta de hacia dónde puede y debe avanzar la escuela del siglo XXI.

En aulas donde conviven cables, sensores y líneas de código, un grupo de estudiantes logró transformar una inquietud cotidiana —el impacto de las emociones en el aprendizaje— en un desarrollo tecnológico con proyección social real.

Se trata de REMI, un robot creado por alumnos de sexto año de la Escuela Técnica León XIII, ubicada en el barrio de Palermo, que propone una nueva manera de acompañar a niños y niñas dentro y fuera del aula.

“Entendimos que no alcanza con enseñar contenidos si no se tiene en cuenta cómo se siente cada estudiante”, explican desde el equipo creador, al resumir el espíritu que dio origen al Robot Emocional de Motivación Inteligente.

Esa mirada integral es la que atraviesa el proyecto desde su concepción: la tecnología no como un fin en sí mismo, sino como una herramienta al servicio del bienestar socioemocional y del aprendizaje significativo.

El desarrollo de REMI combina robótica, programación e inteligencia artificial con nociones básicas de psicología infantil.

A partir de esa integración, los estudiantes diseñaron un dispositivo capaz de interpretar gestos, posturas y tonos de voz, procesar esa información y responder de manera empática ante distintas situaciones emocionales.

La premisa fue clara desde el inicio: si el estado de ánimo incide directamente en el rendimiento escolar, entonces la escuela también puede —y debe— ofrecer recursos para acompañar esos procesos.

En términos técnicos, REMI cuenta con sensores que registran variables vinculadas al comportamiento del usuario y un sistema de análisis que permite detectar señales de estrés, enojo o frustración.

Frente a estos indicadores, el robot activa una serie de protocolos pensados para generar un entorno más calmo y favorable.

Entre ellos se incluyen estímulos sensoriales mediante luces de baja intensidad y sonidos relajantes, la emisión de fragancias suaves y mensajes breves orientados a promover la autorregulación emocional.

Pero el dispositivo no se limita a intervenir de forma pasiva. REMI también sugiere acciones concretas que apuntan a hábitos saludables: pausas activas para despejarse, hidratarse correctamente o realizar una caminata corta antes de retomar las tareas.

De este modo, el robot funciona como un acompañante que invita a reconocer las emociones y gestionarlas de manera consciente, sin reemplazar el rol del docente ni del adulto responsable.

El impacto del proyecto trascendió rápidamente el ámbito escolar. REMI obtuvo el primer puesto en el concurso Biocreadores, organizado por el Instituto Universitario para el Desarrollo Productivo y Tecnológico.

El jurado valoró especialmente la capacidad del equipo para aplicar conocimientos técnicos adquiridos en la escuela secundaria a una problemática concreta, con una solución innovadora y de alto contenido humano.

Este reconocimiento no solo destaca el talento de los estudiantes, sino que también pone en agenda el potencial de la educación técnica porteña.

En un contexto donde la inteligencia artificial y la automatización avanzan a gran velocidad, proyectos como REMI muestran que es posible formar jóvenes con competencias tecnológicas sólidas y, al mismo tiempo, con sensibilidad social y compromiso comunitario.

Desde el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires celebraron la iniciativa y remarcaron que se inscribe dentro de una línea de trabajo que prioriza el bienestar integral de los estudiantes.

En ese marco, destacaron que la propuesta dialoga de manera directa con los objetivos del Plan Buenos Aires Aprende, que promueve el desarrollo de habilidades socioemocionales junto con la adquisición de saberes académicos y técnicos.

La experiencia de la Escuela Técnica León XIII también abre el debate sobre el rol de la innovación en el sistema educativo.

Lejos de limitarse a la incorporación de dispositivos, el caso de REMI demuestra que la verdadera innovación surge cuando la tecnología se articula con una mirada pedagógica clara y con la voluntad de dar respuesta a necesidades reales de la comunidad educativa.

En tiempos donde muchas discusiones sobre educación se centran en déficits y urgencias, este proyecto aporta una perspectiva diferente: la de estudiantes que observan su entorno, detectan un problema y trabajan colectivamente para resolverlo.

REMI no es solo un robot; es el resultado de una experiencia educativa que fomenta la creatividad, el pensamiento crítico y la empatía, valores indispensables para construir una escuela más inclusiva y preparada para los desafíos del futuro.