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Alarma en Palermo por el derrumbe de un edificio con consultorios médicos

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El derrumbe del techo en un centro médico de una obra social en pleno barrio porteño de Palermo sacudió la mañana del martes y volvió a encender las alarmas sobre la seguridad edilicia en espacios de atención sanitaria.

El episodio dejó al menos seis personas heridas, decenas de pacientes asistidos por crisis nerviosas y un amplio despliegue de emergencia que transformó una cuadra tranquila en un escenario de tensión, sirenas y evacuaciones urgentes.

“Había personas atrapadas bajo los restos del techo y fue necesario intervenir de inmediato”, explicó el titular del SAME, Alberto Crescenti, al describir un operativo que se activó a las 9.15 tras el llamado de auxilio.

La escena fue crítica desde el primer minuto: consultorios llenos, pacientes esperando atención y un colapso estructural que ocurrió sin aviso previo.

El hecho se produjo en un edificio ubicado sobre la calle Medrano al 1174, entre José Antonio Cabrera y Gorriti.

Según la información oficial, la caída afectó a una parte del techo del primer piso, sector destinado a consultorios externos, aunque el inmueble también cuenta con planta baja y un segundo piso. En ese momento, había casi 40 personas dentro del centro médico.

Seis de ellas —cinco mujeres adultas y un hombre mayor— resultaron heridas y debieron ser rescatadas por los Bomberos Voluntarios y el personal médico de triage, tras quedar parcialmente atrapadas entre escombros.

Las víctimas presentaban traumatismos de cráneo y otras lesiones de diversa consideración. Luego de ser estabilizadas en el lugar, fueron derivadas a distintos hospitales porteños: Durand, Ramos Mejía, Fernández y Rivadavia.

Además, al menos 20 personas recibieron atención médica en la vereda por golpes leves, crisis de ansiedad o cuadros de shock, mientras que unas 50 se autoevacuaron en medio del desconcierto general.

El despliegue fue de gran magnitud. Intervinieron al menos 22 móviles del SAME, dotaciones de Bomberos de la Ciudad, el Grupo Especial de Rescate (GER) de Caballito, efectivos de la Comisaría Vecinal 14 A y personal del cuerpo K-9 con perros entrenados para búsqueda y rescate.

En poco más de quince minutos, cerca de las 9.30, el edificio ya había sido completamente evacuado y quedó clausurado de manera preventiva.

Crescenti destacó la rapidez de la respuesta: “El operativo fue muy rápido y eso nos permitió sacarlos de esa situación, compensarlos y derivarlos a los hospitales”.

También confirmó que no hubo menores involucrados y subrayó que el personal médico del propio centro asistencial actuó en un primer momento, pero solicitó apoyo inmediato al sistema de emergencias al advertir la gravedad del escenario. “Trabajaron bien, pero entendieron que necesitaban ayuda complementaria”, agregó.

Mientras avanzaban las tareas de rescate y asistencia, comenzaron a surgir interrogantes sobre las causas del derrumbe. Un joven que vive a metros del lugar relató que el estruendo se escuchó con claridad en toda la cuadra.

“Fue un ruido seco, muy fuerte. En menos de dos minutos ya estaban las sirenas. Al lado hay una obra y aparentemente fue la obra la que provocó la caída”, señaló en diálogo con la prensa,

Esa versión abrió una línea de investigación que ahora deberán profundizar las autoridades porteñas, para determinar si los trabajos lindantes influyeron en la estructura del edificio afectado.

El episodio reaviva una discusión recurrente en la Ciudad de Buenos Aires: el estado de los inmuebles, los controles sobre obras en ejecución y la responsabilidad de garantizar condiciones seguras en espacios donde circulan a diario cientos de personas.

Un centro médico, por definición, debería ser un ámbito de cuidado y protección; sin embargo, en cuestión de segundos, se transformó en un lugar de riesgo. La caída del techo no solo dejó heridos, sino también una sensación de vulnerabilidad difícil de disipar.

Ahora, con el edificio vacío y bajo análisis técnico, comienza otra etapa: peritajes estructurales, eventuales clausuras y la revisión de habilitaciones y obras cercanas. La prioridad inmediata fue asistir a las víctimas y evitar un desenlace peor.

El saldo pudo haber sido mucho más grave si el derrumbe se producía unos minutos antes o después, con mayor afluencia de pacientes en salas de espera y consultorios.

El cierre de la jornada deja una postal inquietante y una serie de preguntas abiertas. Lo ocurrido en Palermo no fue un hecho menor ni un simple accidente doméstico: expuso fallas, posibles negligencias y la necesidad de reforzar controles para que la atención de la salud no vuelva a convertirse, de manera inesperada, en una escena de emergencia.