
La Plaza Jorge Luis Borges, junto a la Biblioteca Nacional, fue remodelada e incorpora un laberinto vegetal y un mural de ajedrez en homenaje al autor. Este martes habrá una lectura colectiva abierta y gratuita.
La literatura salió de los libros y volvió al espacio público. En pleno corazón de Recoleta, la Plaza Jorge Luis Borges luce renovada y propone una experiencia distinta para vecinos y visitantes: caminar un laberinto de arbustos, detenerse ante un mural de ajedrez y redescubrir la obra del escritor a cielo abierto.
“Queremos que la plaza sea un punto de encuentro entre la obra de Borges y los vecinos”, señalaron desde la organización de la jornada inaugural, impulsada junto a la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, la Comuna 2, el Ministerio de Cultura y la Secretaría de Gobierno. La idea es clara: que el homenaje no quede en lo simbólico, sino que se viva.
Una plaza que dialoga con Borges
La remodelación fue integral y apuntó a revitalizar cada rincón del espacio verde ubicado junto a la Biblioteca Nacional. Entre las principales mejoras se destacan:
• Optimización de accesos y circulación interna.
• Incorporación de un laberinto de arbustos, en clara alusión a uno de los símbolos más recurrentes del universo borgeano.
• Un mural con diseño de ajedrez, evocando la pasión literaria y filosófica del autor por ese juego milenario.
• Renovación del mobiliario urbano y puesta en valor general del entorno.
Caminar por el nuevo laberinto es, en cierto modo, experimentar físicamente uno de los tópicos que Borges convirtió en metáfora del tiempo y el destino. El mural, por su parte, suma una postal potente que ya se convirtió en escenario de fotos y encuentros.
Lectura colectiva este martes
Como parte de la puesta en valor, este martes a las 17.30 se realizará una jornada de lectura al aire libre. La propuesta es simple y atractiva: cada vecino puede llevar un texto de Borges y sumarse a la lectura compartida. La actividad es libre y gratuita.
Para quienes no tengan un libro a mano, se dispusieron códigos QR en los bancos de la plaza que permiten acceder digitalmente a distintos fragmentos de la obra del escritor. Así, la tecnología se integra al homenaje sin perder el espíritu literario. 
En el centro de esta transformación hay una decisión cultural que, desde mi mirada, resulta clave: recuperar el espacio público como escenario de identidad. No se trata solo de embellecer una plaza, sino de convertirla en un punto de referencia que conecte patrimonio, literatura y vida cotidiana. Lo más importante es que el homenaje a Borges deja de ser abstracto y se vuelve tangible: se camina, se lee y se comparte.
Porque cuando la ciudad apuesta por la cultura en sus plazas, gana el vecino y gana la memoria colectiva. Y esta vez, el laberinto no desorienta: nos conduce directo a la literatura.



