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La Ciudad impulsa nuevas políticas para personas con TEA

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En el inicio de la llamada “Semana Azul”, la agenda pública porteña volvió a poner el foco en una problemática que, lejos de ser marginal, atraviesa a miles de familias: el Trastorno del Espectro Autista (TEA).

En ese contexto, el jefe de Gobierno Jorge Macri participó de una jornada que buscó algo más que visibilizar: impulsar decisiones concretas para construir una ciudad más inclusiva.

“Hablar de autismo nos interpela como sociedad”, afirmó Macri durante su intervención en el encuentro “Miradas que Conectan”, realizado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

La frase, directa y sin rodeos, sintetizó el espíritu de una jornada que reunió a organizaciones sociales, especialistas y familias, todos con un objetivo común: transformar la conversación en políticas sostenidas en el tiempo.

La tercera edición del evento, organizada por la ONG TEActiva, funcionó como un espacio de intercambio real entre actores que muchas veces trabajan de manera fragmentada.

En este caso, la apuesta fue distinta: articular. Sobre esa base, el mandatario porteño insistió en que el Estado no puede actuar de manera aislada.

Según detalló, más del 80% de las personas con autismo en la Ciudad son niños y adolescentes, un dato que no solo dimensiona la magnitud del desafío, sino que también obliga a pensar políticas de intervención temprana.

Durante el panel “Autismo y Estado”, Macri planteó la necesidad de anticiparse a los diagnósticos tardíos y generar entornos accesibles desde la primera infancia.

En esa línea, destacó el rol del sistema de salud en la detección precoz y la importancia de sostener programas de estimulación temprana, una herramienta clave para mejorar la calidad de vida de quienes están dentro del espectro.

A lo largo de la jornada, se sucedieron mesas de diálogo donde se abordaron ejes sensibles: inclusión educativa, acceso a la salud, derechos y el concepto de neurodiversidad, que en los últimos años ganó centralidad en el debate público.

Especialistas coincidieron en que el principal obstáculo sigue siendo la falta de información y formación adecuada, tanto en instituciones como en la sociedad en general.

En paralelo, la Ciudad buscó reforzar el mensaje con gestos simbólicos. El Obelisco ya fue iluminado de azul y, en los días siguientes, otros íconos urbanos como la Floralis, el Planetario, el Puente de la Mujer y el Monumento de los Españoles se sumarán a la iniciativa. No se trata solo de una postal: la intención es instalar el tema en la agenda cotidiana.

En materia legislativa, el jefe de Gobierno remarcó la sanción de la Ley 6.909 en 2025, que establece un marco integral para el abordaje del autismo en la Ciudad.

La norma, según explicó, es resultado de años de trabajo conjunto con organizaciones civiles, lo que marca un cambio de paradigma en la construcción de políticas públicas: menos verticalismo, más participación.

Entre las acciones concretas, se mencionaron dispositivos como el CPI Piedra Libre, espacios educativos con materiales adaptados y el fortalecimiento del Centro de Desarrollo Laboral, orientado a mejorar la inserción de personas con TEA en el mundo del trabajo.

También se destacó la creación de una Oficina de Trámites Accesibles en el Registro Civil, pensada para reducir barreras burocráticas.

Otro punto relevante es la prohibición de la pirotecnia sonora, una medida que impacta directamente en la vida cotidiana de personas con hipersensibilidad sensorial. Aunque pueda parecer menor, este tipo de decisiones refleja un cambio cultural más profundo: empezar a pensar la ciudad desde la diversidad.

El mensaje que atravesó toda la jornada fue claro: la inclusión no es un eslogan ni una meta abstracta, sino un proceso continuo que exige coordinación, recursos y compromiso político.

En ese sentido, Macri insistió en que el rol del Estado debe ser el de escuchar, aprender y acompañar, sin reemplazar el trabajo que durante años llevaron adelante las organizaciones.

La discusión, sin embargo, está lejos de cerrarse. Los desafíos siguen siendo múltiples: mejorar los tiempos de diagnóstico, garantizar acompañamiento educativo real y ampliar oportunidades laborales. Pero también hay avances concretos que marcan un rumbo.

En definitiva, la agenda del autismo en la Ciudad de Buenos Aires parece haber dejado de ser periférica para convertirse en una prioridad transversal.

Y si algo quedó claro en esta jornada es que el camino hacia una sociedad más inclusiva no depende de un solo actor, sino de una construcción colectiva que recién empieza a consolidarse.