
La Ciudad de Buenos Aires lanzó una nueva edición de la formación de Asistentes Personales para la Vida Independiente, con una convocatoria récord que pone el foco en derechos, inclusión y autonomía.
El pasado viernes 24 de abril fui testigo de un lanzamiento que no pasó desapercibido: más de 500 personas se inscribieron para formarse como Asistentes Personales para la Vida Independiente, una iniciativa que busca transformar la vida cotidiana de personas con discapacidad desde un enfoque más justo y humano.
“Esto no es asistencia, es acompañamiento con derechos”, se escuchó durante la jornada en el auditorio de la Casa de Gobierno, donde cerca de 300 personas participaron activamente de un encuentro abierto que dejó en claro que el cambio de paradigma ya está en marcha.
Lo que sucedió ese día fue mucho más que una presentación formal. La Subsecretaría de Discapacidad de la Ciudad impulsó una política pública concreta que apuesta a la autonomía real. La capacitación se dictará durante tres meses en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y apunta a formar asistentes que respeten decisiones individuales y promuevan la participación plena en la comunidad.
Entre los datos más relevantes que pude relevar:
- Más de 500 inscriptos en esta edición, superando ampliamente expectativas iniciales.
- 300 asistentes participaron del “Encuentro sobre Asistencia Personal”.
- Modalidad presencial, fortaleciendo el intercambio directo y la experiencia colectiva.
- Participación de especialistas, usuarios y asistentes personales que compartieron vivencias reales.
Durante el evento, las exposiciones dejaron momentos muy potentes. Escuchar a usuarios como Guillermo Mujica y asistentes como Luis Casanellas me permitió dimensionar el impacto concreto de este modelo: no se trata de cuidar, sino de habilitar decisiones y proyectos de vida.
También tomaron la palabra referentes como Karina Guerschberg, Juan Agustín Prado y Elizabeth Aimar, quienes aportaron miradas técnicas y sociales sobre el rol de la asistencia personal. A su vez, el equipo interdisciplinario del programa —con Victoria Belotti a la cabeza— dejó en claro que esto es parte de una estrategia sostenida, no una acción aislada.
Uno de los detalles que más me llamó la atención fue la presencia de intérpretes de lengua de señas y la participación activa del público, lo que reforzó el espíritu inclusivo del encuentro .
La figura del asistente personal no reemplaza decisiones, sino que acompaña procesos. Esto significa que las personas con discapacidad pueden elegir cómo vivir, estudiar, trabajar o relacionarse, contando con apoyos adecuados. Esa diferencia, que puede parecer sutil, es en realidad estructural y redefine el concepto de inclusión en la Ciudad.



