
Desde abril de 2025, el taller itinerante recorre parques y plazas de Buenos Aires enseñando a arreglar bicicletas, libros, ropa y electrodomésticos en lugar de tirarlos.
Hay un dato importante en esta nota: en poco más de un año, catorce mil personas eligieron reparar antes que descartar. Y no hablo de un número aislado, sino de una tendencia que la Ciudad viene consolidando barrio por barrio, plaza por plaza, con un taller que se mueve como si fuera parte del paisaje urbano. 
«La idea es instalar la reparación como un hábito más de consumo, no como una excepción», me comentaron fuentes vinculadas al programa. Y esa frase resume bastante bien el espíritu de la propuesta: cambiar la lógica de «se rompió, lo tiro» por la de «se rompió, lo arreglo».
Cómo funciona el Repara Móvil
El operativo, que arrancó en abril de 2025, se instala cada semana en una comuna distinta, y ahí está una de las particularidades que más me llamó la atención: los rubros disponibles cambian según el barrio. Esto es lo que pude reconstruir sobre su funcionamiento:
Más de 14.000 vecinos ya pasaron por el taller para reparar libros, bicicletas, textiles, aparatos electrónicos, pequeños electrodomésticos y juguetes.
Recorrido rotativo: cada semana el punto de atención cambia de comuna, junto con los rubros que se pueden reparar ese día.
Textiles: se hacen dobladillos, ajuste de talles (solo para reducir), cambio de cierres, acortado de mangas, pantalones y polleras, colocación de tachas y broches, parches y reparación de costuras. Quedan afuera el jean, el cuero y el calzado.
Electrónicos y pequeños electrodomésticos: se diagnostican y reparan celulares y tablets Android, secadores, licuadoras, afeitadoras, mixers, auriculares, cargadores y parlantes. No entran heladeras, lavarropas, productos Apple ni notebooks, y en electrónica solo se hacen arreglos modulares, sin intervenir placas.
Un detalle no menor: los repuestos los tiene que llevar el propio vecino, el taller aporta la mano de obra especializada y las herramientas.
Todo esto se enmarca dentro de «Reparar es Circular», el programa que busca instalar la reparación como práctica cotidiana dentro de la economía circular porteña.
Reparar no es solamente una solución práctica para no gastar de más: es una de las «erres» fundamentales de la economía circular, junto con reducir y reutilizar. Cada objeto que se arregla en lugar de tirarse es un objeto que no termina en un relleno sanitario, que no exige nueva fabricación, nuevos materiales ni nueva energía para reemplazarlo. En una ciudad que genera toneladas de residuos por día, extender la vida útil de una bicicleta, un secador de pelo o un buzo puede sonar chico, pero multiplicado por catorce mil personas, deja de serlo. Ahí está, para mí, la verdadera potencia de este programa. 



