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Día Mundial de los Lagos: cómo se cuidan los espejos de agua de la Ciudad

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En una ciudad atravesada por el cemento, el tránsito y la actividad constante, los lagos urbanos cumplen un papel que va mucho más allá de su atractivo visual.

En el Día Mundial de los Lagos, que se conmemora cada 27 de agosto, Buenos Aires pone el foco en estos espejos de agua que, distribuidos en distintos parques, ayudan a generar ambientes más frescos, albergan numerosas especies y se convierten en espacios de encuentro para miles de vecinos.

Aunque la mayoría de los lagos porteños fueron creados artificialmente, su presencia genera condiciones similares a las de pequeños ecosistemas acuáticos. Plantas, peces, aves y anfibios encuentran allí espacios de refugio y alimentación, mientras que el agua y la vegetación contribuyen a modificar el entorno inmediato.

“Todas estas tareas tienen como objetivo mantener y aumentar la biodiversidad, protegiendo el equilibrio natural del parque”, destacó Martín Cantera, presidente de la Comuna 14.

Los principales lagos de la Ciudad se concentran en el Parque Tres de Febrero, uno de los pulmones verdes más importantes de Buenos Aires. Allí se encuentran el Lago de Regatas, el del Rosedal, el del Planetario y el lago Victoria Ocampo.

A estos se suman otros espejos de agua ubicados en el Parque Centenario, en Caballito, además de los existentes en Villa Lugano y en el Parque Leonardo Pereyra, en Barracas.

Cada uno de estos espacios forma parte de parques que reciben diariamente a vecinos, turistas, deportistas y personas que buscan un lugar para descansar o alejarse, al menos por un rato, del ritmo acelerado de la Ciudad. La combinación entre agua, árboles y vegetación produce un ambiente diferente al de las zonas completamente urbanizadas y pavimentadas.

Uno de los aportes más importantes de estos lagos está vinculado con la regulación de la temperatura. La evaporación del agua, junto con la presencia de árboles y otras especies vegetales, puede favorecer la generación de sectores más frescos en el entorno inmediato.

En una gran ciudad, donde las superficies construidas tienden a acumular calor, estos espacios verdes y acuáticos adquieren una importancia ambiental que también impacta en la calidad de vida de quienes utilizan los parques.

Pero su función no se limita al clima. Los lagos también permiten la presencia de especies que difícilmente encontrarían las mismas condiciones en otras zonas de la trama urbana.

Aves, peces, tortugas, anfibios y distintas formas de vegetación conviven en estos ambientes, por lo que el mantenimiento requiere un seguimiento constante para preservar el equilibrio entre el uso recreativo y la conservación de la flora y la fauna.

El cuidado de los lagos porteños se lleva adelante mediante un trabajo conjunto entre las comunas y la Secretaría de Gobierno y Vínculo Ciudadano.

Las tareas incluyen la limpieza diaria de las zonas cercanas al agua, la recolección de residuos, hojas y ramas, además del control del crecimiento de algas y el monitoreo de las condiciones generales de cada ecosistema.

Para realizar parte de este trabajo se utilizan catamaranes, especialmente en los lagos de mayor tamaño. Estas embarcaciones permiten retirar residuos y material vegetal de la superficie, además de colaborar con el mantenimiento de los espejos de agua.

Paralelamente, se realizan controles periódicos sobre la calidad del agua y se observan las condiciones de la flora y la fauna que habitan estos espacios.

El Lago de Regatas, ubicado en Palermo, es el ecosistema acuático de mayor relevancia dentro de la Ciudad por sus dimensiones. Cuenta con una profundidad de seis metros y un perímetro de 2.000 metros. Le sigue en tamaño el Lago del Rosedal, situado en uno de los sectores más concurridos y reconocidos del Parque Tres de Febrero.

Cantera explicó que en los cuatro lagos de Palermo se trabaja con catamaranes y personal especializado para mantener la higiene y el aspecto general de estos espacios. Además, se llevan adelante análisis físico-químicos y bacteriológicos para controlar las condiciones del agua, un aspecto fundamental para la preservación de las especies que forman parte de estos ecosistemas.

En Caballito, el lago del Parque Centenario representa otro de los principales ambientes acuáticos de la Ciudad. Ocupa aproximadamente una hectárea y cuenta con una isla de unos 600 metros cuadrados, donde crecen distintas especies vegetales y encuentran refugio diversos animales.

El arquitecto Alfredo Magnano, encargado de la supervisión general de las tareas en la Comuna 6, señaló que el mantenimiento se realiza de forma permanente.

Entre los trabajos se encuentran el retiro de residuos y sedimentos, la limpieza de las orillas y las cascadas, además del mantenimiento de filtros, bombas y sistemas de aireación.

También se realizan renovaciones parciales del agua y controles periódicos para conocer sus condiciones. En este lago pueden encontrarse peces, tortugas, gansos y patos, por lo que las tareas no solo están orientadas a conservar el aspecto del lugar, sino también a mantener un hábitat adecuado para las especies que viven allí.

El desafío, en definitiva, es sostener estos espacios en una ciudad donde los parques cumplen una función cada vez más importante.

Los lagos forman parte de un equilibrio en el que conviven el ambiente, la recreación y el uso cotidiano de miles de personas. Su preservación depende tanto del mantenimiento permanente como del compromiso de quienes los visitan.

En este Día Mundial de los Lagos, la mirada vuelve sobre esos espejos de agua que, entre edificios, avenidas y movimiento urbano, ofrecen mucho más que una postal.

Son pequeños refugios ambientales que ayudan a refrescar el entorno, sostienen biodiversidad y mantienen vivo un vínculo necesario entre la naturaleza y la Ciudad.