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A 55 años de la tragedia, restauraron la fuente que homenajea al Ballet del Colón

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A 55 años de una de las tragedias más dolorosas de la cultura argentina, la Ciudad de Buenos Aires restauró la fuente que acompaña el monumento en homenaje a los nueve bailarines del Teatro Colón que murieron en un accidente aéreo en el Río de la Plata. Ubicado en Plaza Lavalle, el conjunto escultórico recuperó su funcionamiento y vuelve a ocupar un lugar central en la memoria de una historia que marcó para siempre a la danza nacional.

La intervención incluyó la renovación de los sistemas de bombeo y electricidad, la impermeabilización de las bateas y la limpieza del mármol que rodea la obra.

Los trabajos se realizaron como parte de la puesta en valor de Plaza Lavalle, un espacio emblemático del centro porteño que también recibió mejoras en sus calles, veredas, accesibilidad e iluminación.

La restauración estuvo a cargo del Ministerio de Espacio Público de la Ciudad y permitió recuperar el funcionamiento de la fuente que rodea el Homenaje al Ballet Nacional.

La obra no solo forma parte del paisaje urbano de Buenos Aires, sino que representa un recordatorio permanente de los artistas que perdieron la vida mientras se dirigían a cumplir con una presentación solidaria.

Para recuperar el sistema hidráulico, se instaló una nueva bomba de impulsión, encargada de restablecer los efectos centrales del agua, y una bomba sumergible de achique para evitar la acumulación de agua en la sala de máquinas.

Además, se renovaron el colector y el tablero de comando y protección, componentes fundamentales para el funcionamiento de la instalación.

Las tareas también abarcaron la impermeabilización de las bateas, donde se acumula el agua. El procedimiento incluyó la preparación de las superficies y la aplicación de tres manos de mortero cementicio impermeable, seguidas por una pintura de terminación en color Piedra París.

De esta manera, se recuperó la capacidad de contener el agua sin filtraciones y se devolvió al conjunto parte de su aspecto original.

Por último, se realizó una limpieza del mármol que bordea la fuente para mejorar la conservación y la apariencia general del monumento.

La intervención complementa la restauración de la escultura realizada en 2021, cuando se reconstruyó un brazo faltante, se reforzó el pie de apoyo y se efectuó una limpieza manual del bronce.

El 10 de octubre de 1971 quedó marcado en la historia cultural argentina. Ese día, nueve integrantes del Ballet Estable del Teatro Colón murieron cuando el avión en el que viajaban hacia Trelew cayó en el Río de la Plata.

Los artistas se dirigían a participar de una función benéfica, pero el viaje terminó en una tragedia que provocó una profunda conmoción en el ambiente artístico y entre el público.

Entre las víctimas se encontraban Norma Fontenla y José Neglia, dos de las figuras más destacadas de la compañía. Ambos habían alcanzado reconocimiento internacional gracias a su talento y trayectoria. Neglia había recibido el premio Nijinsky, mientras que Fontenla había interpretado el papel principal de Giselle junto a Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev, nombres fundamentales de la danza clásica mundial.

La pérdida de los nueve bailarines significó mucho más que la desaparición de integrantes de una compañía prestigiosa. También representó un golpe para una disciplina que encontraba en el Teatro Colón uno de sus principales escenarios de formación, desarrollo y proyección internacional.

Tras el accidente, los cuerpos fueron velados en el Salón Dorado del Teatro Colón. Una multitud se congregó en Plaza Lavalle para despedir a los artistas, en una muestra del afecto y la admiración que habían despertado entre quienes seguían sus carreras.

Un año después de la tragedia, se inauguraron la escultura y la fuente que hoy mantienen vivo su recuerdo. La obra fue realizada en bronce por el escultor Carlos de la Cárcova y representa a Fontenla y Neglia como figuras centrales del homenaje.

Con el paso de las décadas, el monumento se consolidó como un punto de referencia para recordar a los bailarines y reconocer el valor de su legado artístico.

En memoria de los nueve integrantes del Ballet Estable, cada 10 de octubre se celebra en la Argentina el Día Nacional de la Danza.

La fecha invita a recordar a las víctimas del accidente y, al mismo tiempo, a reconocer el trabajo de quienes desarrollan esta disciplina en sus distintas expresiones.

Todos los años, el Consejo Argentino de la Danza convoca a un acto conmemorativo junto a la fuente de Plaza Lavalle. La ceremonia mantiene vigente una tradición que une el recuerdo de los artistas fallecidos con el reconocimiento a generaciones de bailarines que continúan desarrollando su actividad en el país.

La conservación del monumento resulta fundamental para sostener ese vínculo entre la memoria colectiva y el espacio público. Su restauración permite preservar tanto los elementos materiales de la obra como el lugar que ocupa en la historia cultural porteña.

La recuperación de la fuente se suma a una serie de intervenciones realizadas durante este año en Plaza Lavalle y sus alrededores. Los trabajos incluyeron la renovación de 1.773 metros cuadrados de carpeta asfáltica, tareas de bacheo, arreglos en sectores de intertrabado y reparación de losas de hormigón.

También se construyeron rampas y cruces nivelados para facilitar la circulación de las personas con movilidad reducida, mientras que se intervinieron alrededor de 200 metros cuadrados de veredas, una superficie equivalente a más de 20 frentes de edificio.

En materia de iluminación, se incorporaron equipos en altura y 13 nuevas luminarias peatonales, con el objetivo de mejorar la visibilidad y reforzar las condiciones de seguridad durante la noche. Las obras apuntan a mejorar el uso cotidiano de la plaza sin dejar de lado la conservación de sus elementos históricos.

Plaza Lavalle ocupa tres manzanas delimitadas por las calles Libertad, Lavalle, Talcahuano y la avenida Córdoba. Su historia se remonta a comienzos del siglo XIX, cuando el terreno era un espacio baldío atravesado por el Tercero del Medio, uno de los arroyos que recorrían la ciudad.

En esa zona también funcionó el Parque de Artillería, un establecimiento militar que albergaba una fábrica de armas y un depósito de pólvora.

En 1857, cerca de allí se inauguró la Estación del Parque, desde donde partió La Porteña, la locomotora que protagonizó el primer viaje ferroviario de la Argentina.

Más adelante, en 1878, el espacio adoptó el nombre de Plaza Lavalle en homenaje a Juan Lavalle. Ese mismo año se plantó el ceibo centenario que todavía forma parte de su arbolado.

La plaza también se distingue por la presencia de dos edificios emblemáticos situados en lados opuestos: el Teatro Colón, inaugurado en 1908 y reconocido internacionalmente por su actividad operística, y el Palacio de Justicia, sede de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, levantado sobre los terrenos que anteriormente ocupaba el Parque de Artillería.

La restauración de la fuente recupera así una pieza de valor artístico e histórico en uno de los espacios más representativos de Buenos Aires.

A más de medio siglo de la tragedia, el homenaje a los nueve bailarines continúa presente en la ciudad, como símbolo de una pérdida irreparable y de una herencia cultural que permanece viva.

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