
Durante muchos años se han mencionado los bosques como los «pulmones del planeta», pero la investigación científica resalta otra función importante: contribuyen a generar y trasladar humedad que luego se convierte en nubes y lluvias. Asì lo explica R4N.
Un árbol grande puede liberar cientos de litros de agua a la atmósfera cada día. Cuando millones de árboles realizan esta acción, se crean lo que se conoce como «ríos voladores», corrientes de humedad que transportan agua a regiones distantes.
La tala de árboles reduce esa capacidad de liberar vapor de agua al aire y altera las condiciones necesarias para que se formen nubes. También disminuye la cantidad de partículas naturales que facilitan la condensación.
Menos árboles significan menos humedad, menos precipitaciones y más calor. Este ciclo puede generar sequías, incendios forestales y un mayor deterioro de los ecosistemas afectados.
Los modelos climáticos advierten que si la deforestación en la Amazonía supera ciertos límites, podría haber un cambio irreversible en el ciclo del agua, afectando la disponibilidad de agua, la producción agrícola y la generación de energía en gran parte de Sudamérica.
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