
Cuando Douglas Hegdahl cayó prisionero en Vietnam, todos pensaron que sería uno más. Tenía 20 años. Parecía ingenuo, distraído, casi torpe. Y eso… fue su mejor estrategia. Mientras otros eran vigilados día y noche, a él lo dejaban moverse libre. Los guardias se reían, lo llamaban “el tonto americano”. Y él les siguió el juego. […]
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