
La alarma se encendió justo antes del Día del Niño: 885 juguetes virales de la línea Squeezy fueron retirados de distintos comercios de Once y el Barrio Chino luego de que los controles detectaran que no cumplían con las condiciones de seguridad exigidas para su comercialización.
Los productos, muy buscados por los chicos por su formato blando y antiestrés, contenían concentraciones de benceno por encima de los límites permitidos.
El operativo fue llevado adelante por Defensa al Consumidor de la Ciudad en el marco del refuerzo de las inspecciones a jugueterías y comercios que venden productos destinados al público infantil. La medida preventiva se produjo a partir de una denuncia realizada por la Cámara Argentina de la Industria del Juguete y alcanzó a unidades comercializadas bajo distintas denominaciones, entre ellas Squeezy Dumplings.
Un juguete viral que quedó bajo la lupa
La popularidad de los juguetes Squeezy creció con fuerza en los últimos tiempos, especialmente entre los chicos que buscan productos blandos para apretar, manipular y utilizar como elementos antiestrés.
Su apariencia colorida, sus diferentes diseños y su textura hicieron que se convirtieran en uno de esos artículos que rápidamente ganan espacio entre las preferencias infantiles.
Sin embargo, detrás de esa apariencia inofensiva apareció una situación que obligó a intervenir a los organismos de control.
Durante las inspecciones realizadas en comercios de Once y el Barrio Chino, se encontraron unidades que no reunían las condiciones necesarias para ser ofrecidas al público.
Los análisis técnicos realizados sobre los productos determinaron la presencia de concentraciones de benceno superiores a los valores establecidos por la normativa nacional.
A partir de ese resultado, se consideró que los juguetes podían representar un riesgo para la salud de los niños y se ordenó su retiro preventivo de los establecimientos inspeccionados.
El dato más importante del procedimiento es la cantidad de unidades alcanzadas. En los comercios recorridos en Once fueron retirados 767 juguetes, mientras que en locales del Barrio Chino se encontraron y retiraron otras 118 unidades.
De esta manera, el total llegó a 885 productos, que quedaron bajo resguardo mientras continúan las actuaciones correspondientes.
Para mí, el dato no es menor si se tiene en cuenta el momento en que se realizaron los controles. La proximidad del Día del Niño genera todos los años un fuerte movimiento comercial en jugueterías, locales especializados, comercios de barrio y también en plataformas de venta online.
En ese contexto, el control sobre los productos destinados a los más chicos adquiere una importancia todavía mayor.
La importancia de mirar el envase antes de comprar
Uno de los aspectos que resulta clave en este caso es que no alcanza con reconocer el juguete por su forma o por el nombre con el que se lo ofrece.
También hay que prestar atención a la presentación, el etiquetado y los elementos que permiten verificar su origen.
En el caso de los Squeezy originales, el empaque debe contar con un código QR de validación que incluye las siglas AR y dos tildes. A su vez, tanto la caja como la etiqueta deben presentar información relacionada con el fabricante o importador y esa información tiene que estar expresada en castellano.
Este tipo de identificación permite contar con mayores elementos a la hora de determinar quién es el responsable de poner el producto en circulación.
También facilita que el consumidor pueda realizar un reclamo en caso de detectar un inconveniente.
Por eso, al momento de comprar un juguete, considero fundamental no quedarse solamente con el precio, el diseño o la popularidad del producto. Una compra segura comienza mucho antes de que el chico abra el paquete.
Cinco puntos que conviene revisar antes de llevar un juguete a casa
Uno de los principales consejos consiste en revisar los sellos y certificaciones de seguridad. Los juguetes deben contar con las acreditaciones correspondientes que permitan comprobar que cumplen con las normas vigentes.
Si el producto no presenta la información requerida o genera dudas sobre su procedencia, es preferible consultar antes de concretar la compra.
También resulta indispensable buscar los datos del fabricante o importador. La etiqueta debe identificar al responsable del producto, brindar sus datos de contacto e indicar el país de origen. La ausencia de información clara debería ser una señal de alerta para cualquier consumidor.
Otro aspecto que muchas veces pasa inadvertido es el idioma. Las instrucciones de uso y las advertencias deben estar redactadas en español, especialmente cuando se trata de juguetes eléctricos, productos que requieren determinadas condiciones de utilización o artículos que pueden presentar restricciones según la edad.
La edad recomendada es otro dato fundamental. No todos los juguetes son apropiados para todos los chicos y el envase debe indicar con claridad el rango etario correspondiente. También deben aparecer las advertencias cuando el producto pueda no resultar adecuado para determinados grupos de edad.
Finalmente, hay un punto que conviene no dejar de lado: guardar el comprobante de compra. La factura o ticket no solamente sirve para acreditar cuánto se pagó por el producto.
También permite realizar un reclamo o gestionar un cambio cuando aparece un problema y resulta especialmente importante frente a productos que cuentan con garantía legal.
Los controles también alcanzan a las compras por internet
La seguridad no debería analizarse únicamente cuando la compra se realiza en una juguetería tradicional.
El crecimiento de las ventas a través de plataformas digitales hizo que una gran cantidad de familias adquiera juguetes sin tener contacto directo con el producto antes de recibirlo.
En esos casos, la recomendación es todavía más importante: antes de confirmar una compra conviene observar las fotografías del packaging, buscar información sobre el fabricante o importador y comprobar que el producto tenga las identificaciones y advertencias correspondientes.
Cuando una publicación ofrece un juguete a un precio muy inferior al habitual, no brinda información sobre su procedencia o muestra un envase sin datos claros, la conveniencia económica puede terminar convirtiéndose en un problema. El precio no debería ser el único criterio para decidir.
Además, guardar la publicación, el comprobante y los datos del vendedor puede resultar útil si posteriormente es necesario realizar un reclamo.
Qué hacer frente a un producto sospechoso
Los controles realizados en Once y el Barrio Chino muestran también la importancia de la participación de los consumidores.
En este caso, la intervención se produjo luego de una denuncia presentada por la Cámara Argentina de la Industria del Juguete, que permitió poner el foco sobre determinados productos y avanzar con los análisis correspondientes.
Frente a cualquier sospecha sobre la seguridad de un juguete o ante la comercialización de un producto que no cuente con la información obligatoria, los vecinos pueden realizar una denuncia o solicitar una inspección ante los organismos correspondientes de la Ciudad.
Defensa al Consumidor cuenta además con canales de atención para recibir consultas y brindar asesoramiento.
Entre ellos se encuentra la Línea 147, mientras que también funcionan Puntos de Atención Ciudadana en las distintas Comunas. A esto se suman los canales de comunicación de @BAconsumidor en X y Facebook.
La tarea de control es coordinada por la Secretaría de Gobierno y Vínculo Ciudadano y apunta, entre otros objetivos, a detectar productos que puedan representar un riesgo antes de que lleguen a una mayor cantidad de consumidores.
Un llamado de atención antes del Día del Niño
El retiro de las 885 unidades de Squeezy funciona como una señal de alerta en una época del año en la que la venta de juguetes aumenta considerablemente.
La situación demuestra que un producto atractivo, popular y aparentemente inofensivo no necesariamente significa que sea seguro.
Desde nuestra mirada, la clave está en que las familias incorporen el hábito de revisar el envase, la procedencia, las certificaciones, las advertencias y la edad recomendada antes de comprar.
Son controles sencillos que pueden evitar inconvenientes y que adquieren todavía más relevancia cuando se trata de productos que van a estar en contacto directo con los chicos.
El caso de los Squeezy también vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de combinar controles oficiales con consumidores atentos.
Mientras los organismos avanzan con las inspecciones y retiran productos que no cumplen con las normas, la información y la prevención siguen siendo herramientas fundamentales para realizar compras más seguras.
El objetivo, en definitiva, es que el regalo del Día del Niño no termine convirtiéndose en un riesgo. Detrás de cada juguete hay un chico que lo va a manipular, y esa sola razón alcanza para que la seguridad sea siempre una condición indispensable.



