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Avenida de Mayo recupera un escenario cultural con 200 mil visitantes

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Más de 200 mil personas pasaron durante el primer año por la Casa de la Cultura, el histórico edificio de Avenida de Mayo que durante décadas estuvo ligado al diario La Prensa y que hoy volvió a ocupar un lugar destacado en la vida cultural porteña.

Con el Salón Dorado restaurado, nuevas exposiciones, conciertos, literatura, danza, historieta y actividades para toda la familia, el antiguo inmueble recuperó movimiento y se transformó en uno de los nuevos escenarios públicos del centro de Buenos Aires.

A un año de su reapertura, el edificio de 1898 muestra una nueva etapa. “Hace un año dijimos que recuperar la Casa de la Cultura era devolverle a Buenos Aires su capital simbólico.

Hoy, después de recibir a más de 200 mil personas, ese patrimonio está vivo y forma parte del presente de la Ciudad”, destacó la ministra de Cultura porteña, Gabriela Ricardes, al realizar un balance de los primeros doce meses de funcionamiento.

Cuando recorro mentalmente este primer año de actividad, encuentro una característica que atraviesa buena parte de la propuesta: el edificio dejó de ser solamente un lugar para contemplar patrimonio y pasó a funcionar como un espacio cultural activo.

Sus salas, patios, subsuelos y sectores de circulación volvieron a tener público de manera cotidiana, mientras una agenda diversa buscó atraer tanto a quienes ya tienen incorporado el circuito cultural porteño como a vecinos, estudiantes, trabajadores, turistas y familias.

Uno de los puntos centrales de esta recuperación fue el Salón Dorado. Después de los trabajos de restauración, el histórico ambiente volvió a recibir conciertos, actividades literarias y encuentros culturales.

Su recuperación permitió devolverle protagonismo a uno de los espacios más representativos del edificio y, al mismo tiempo, poner nuevamente en relación la arquitectura patrimonial con una programación contemporánea.

La literatura tuvo también uno de sus grandes momentos durante el 6 de noviembre de 2025, cuando la Casa de la Cultura recibió la ceremonia del Premio Clarín Novela.

El escritor español Daniel Morales Perea fue distinguido por Cuaderno inglés, en una gala que contó con la presencia de figuras de las letras como Mariana Enríquez, Javier Cercas y Alberto Fuguet. El acontecimiento llegó pocos meses después de la reapertura y mostró rápidamente la capacidad del edificio para albergar eventos culturales de gran convocatoria.

En noviembre de 2025, además, el inmueble participó por primera vez de La Noche de los Museos, integrándose a un circuito que reunió más de 300 museos, edificios históricos y espacios culturales distribuidos por las 15 comunas porteñas. Fue otra señal de la intención de incorporar definitivamente a la Casa de la Cultura al recorrido cultural habitual de Buenos Aires.

La programación tampoco quedó limitada a las propuestas tradicionales. En diciembre, el Patio Central recibió un árbol de Navidad de nueve metros y la visita de Papá Noel, mientras que el 22 de ese mes se realizó una jornada especial que combinó una Suelta de Libros con más de 2.500 ejemplares, un concierto de la Academia Coral del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y distintas intervenciones artísticas.

El cierre incluyó nieve artificial sobre el patio y el árbol, en una postal pensada especialmente para las familias.

La historieta tuvo su propio capítulo en marzo de 2026, cuando la Casa de la Cultura se convirtió en sede central de la primera Bienal de Historieta de Buenos Aires.

Exposiciones, talleres, mesas de debate, intervenciones y dibujo en vivo permitieron recuperar la tradición de uno de los géneros gráficos más ligados a la cultura argentina y, al mismo tiempo, mostrar nuevas generaciones y formas de producción.

La música fue otro de los ejes constantes. Milonga de Campeones reunió a representantes del tango; Tertulias Líricas acercó obras del repertorio operístico, mientras Historias de Tango combinó interpretaciones musicales con relatos vinculados al género porteño. A estas propuestas se sumaron ciclos de folclore, rock nacional y encuentros como Vinos y Vinilos en el Patio.

También hubo espacio para los músicos que están dando sus primeros pasos profesionales. Recreos Musicales convirtió el Patio Central en un escenario para estudiantes y docentes de los conservatorios de la Ciudad, con conciertos breves que permitieron acercar a jóvenes intérpretes al público y transformar un sector de circulación del edificio en un espacio de encuentro artístico.

Otro ciclo que buscó ampliar la mirada sobre Buenos Aires fue Aniversarios Porteños. La propuesta tomó como eje la historia y la identidad de los 48 barrios de la Ciudad, con encuentros que combinaron recorridos históricos, artistas y vecinos.

De esa manera, la Casa de la Cultura no solamente recuperó la historia del edificio, sino que también funcionó como punto de partida para contar las distintas historias que forman parte de la identidad porteña.

Las artes visuales tuvieron igualmente un lugar destacado. La exposición “La Ciudad Dibujada” invitó a observar la Avenida de Mayo desde la mirada de los Croquiceros Urbanos Buenos Aires, mientras que la muestra “Cúpulas” presentó maquetas de edificios emblemáticos realizadas mediante impresión 3D.

El resultado fue un diálogo entre técnicas contemporáneas, patrimonio arquitectónico y la observación cotidiana de la Ciudad.

La recuperación edilicia acompañó todo este proceso. La intervención alcanzó más de la mitad de los 12.522 metros cuadrados del inmueble e incluyó el Patio Central, pasajes, salas de exposición, hall, subsuelos y lucernario. Entre los trabajos se destacó la restauración de 1.463 piezas de vidrio del techo central, con el objetivo de conservar materiales y tonalidades originales.

Pero la recuperación no se limitó a paredes, techos y ornamentaciones. El programa Cultura Mayor incorporó a personas mayores de 60 años residentes en la Ciudad para realizar tareas de atención al público y acompañar a quienes llegan al edificio.

Así, la puesta en funcionamiento de un inmueble histórico también se vinculó con una propuesta de participación laboral y comunitaria.

Las visitas guiadas completaron ese vínculo con el patrimonio. A través de ellas, el público puede conocer la historia del antiguo edificio de La Prensa, recorrer sus espacios y observar detalles de una construcción que, desde finales del siglo XIX, estuvo estrechamente relacionada con la vida pública porteña.

El primer aniversario tendrá su celebración este martes 15 de septiembre bajo el concepto “Florecer”. Desde las 18, el Patio Central recibirá Los jardines de los senderos que se bifurcan, una intervención floral de Clara Campagnola creada especialmente para el espacio y acompañada por obras líricas de Puccini, Delibes, Massenet, Bizet, Händel y Guastavino.

Una hora más tarde se inaugurará “La isla: El Teatro San Martín en dictaduras”, exposición presentada en el marco del Festival Internacional de Buenos Aires.

El balance de estos primeros doce meses muestra, en definitiva, una transformación que excede la recuperación de un edificio histórico.

La antigua sede de La Prensa volvió a abrir sus puertas y encontró una nueva función en el presente: ser un espacio donde el patrimonio convive con la creación artística, donde una exposición puede compartir lugar con un concierto y donde miles de personas pueden volver a encontrarse con una parte fundamental de la historia de Buenos Aires.