
La caída de “La Mafilia” no fue un golpe aislado ni producto del azar: fue el resultado de meses de investigación silenciosa, seguimiento técnico y trabajo de campo que permitieron a la Policía de la Ciudad desarticular una de las organizaciones criminales más sofisticadas dedicadas al robo y comercialización ilegal de camionetas Toyota 4×4 en el Área Metropolitana de Buenos Aires, incluso con su líder dirigiendo las operaciones desde la cárcel.
Estamos frente a una estructura criminal compleja, con roles definidos y capacidad logística, que operaba de manera sistemática y planificada”, deslizó una fuente con acceso directo a la investigación, al describir un entramado delictivo que combinaba inteligencia previa, tecnología, falsificación y una red de apoyo extendida por distintos puntos del Conurbano bonaerense.
La investigación se inició a partir de una serie de robos reiterados de camionetas Toyota Hilux y SW4, dos de los modelos más buscados en el mercado ilegal por su valor, su demanda y la facilidad con la que pueden ser “blanqueados” tras la adulteración de documentación.
El patrón se repetía: vehículos de apoyo, vigilancia previa de las víctimas, uso de inhibidores de señal para neutralizar alarmas, rápida sustracción y traslado de los rodados hacia zonas previamente definidas del Conurbano, donde comenzaba el proceso de ocultamiento y posterior comercialización.
En una primera etapa, personal de la División Investigaciones Comunales 14 logró identificar a una de las células operativas de la organización, conocida como “La Banda del Botón Rojo”.
Se trataba del eslabón encargado de la calle: choferes y levantadores de vehículos que ejecutaban los robos con precisión y tiempos cronometrados.
El avance sobre este grupo permitió concretar seis allanamientos simultáneos en Pilar, La Lonja y Exaltación de la Cruz, con un resultado contundente: todos sus integrantes detenidos y un importante secuestro de vehículos adulterados, dispositivos electrónicos, llaves codificadas, módulos de arranque, notebooks, celulares y documentación clave.
Ese material fue decisivo. A partir del análisis forense digital, el entrecruzamiento de líneas telefónicas y nuevas tareas de campo, los investigadores confirmaron que esta banda respondía a una estructura mayor: “La Mafilia”.
El liderazgo recaía en un hombre apodado “El Gordo Ale”, detenido por delitos similares, que aun tras las rejas continuaba impartiendo órdenes, coordinando robos y definiendo la logística de venta de las camionetas sustraídas.
El punto de inflexión de la causa llegó el 3 de julio. Ese día, la organización robó una Toyota Hilux en territorio porteño utilizando un vehículo de apoyo.
La huida terminó de la peor manera: los delincuentes embistieron a personal policial y la camioneta robada atropelló a un motociclista, que murió en el lugar.
El conductor fue detenido tras intentar escapar a pie. Horas antes, la misma banda había sustraído una Toyota SW4, que fue recuperada gracias al seguimiento por cámaras del sistema de monitoreo urbano.
Ese episodio no solo aceleró la investigación, sino que permitió confirmar la existencia de una asociación ilícita con una división de tareas clara y aceitada: choferes y levantadores, responsables de logística, falsificadores de patentes y documentación, reducidores de autopartes, talleres clandestinos especializados en programación de ECU y codificación de llaves, y domicilios destinados al “enfriamiento” de los rodados robados antes de su salida al mercado ilegal.
Toda la operatoria era dirigida por “El Gordo Ale” desde la cárcel, con la colaboración directa de su pareja y familiares, que actuaban como nexos externos. Este dato fue clave para comprender cómo la organización lograba mantener continuidad operativa pese a tener a su jefe detenido.
El 21 de noviembre, otro episodio terminó de cerrar el cerco. Personal de la Comisaría Vecinal 14B detuvo en Palermo a tres integrantes de la banda cuando intentaban robar otra camioneta Toyota, replicando la misma modalidad.
Uno de ellos tenía pedido de captura vigente y los tres quedaron vinculados a al menos cinco hechos previos, lo que reforzó el volumen probatorio de la causa.
Con ese respaldo, la Justicia ordenó once allanamientos simultáneos en distintas localidades del Conurbano bonaerense: Los Polvorines, San Miguel, Pablo Podestá, La Reja, Paso del Rey, General Rodríguez, Hurlingham, Florencio Varela y Monte Grande.
El despliegue permitió detener a los principales integrantes de “La Mafilia”, incluida la pareja del líder, y desbaratar talleres clandestinos dedicados a la adulteración técnica y documental de los vehículos.
Durante los procedimientos se incautaron inhibidores de señal, scanners, computadoras, impresoras industriales, cientos de llaves de ignición, chapas patente, dinero en efectivo y teléfonos celulares.
También se identificaron y allanaron garajes utilizados para ocultar las camionetas robadas y comercios vinculados a la provisión de autopartes, cerrando así todo el circuito delictivo, desde el robo hasta la venta final.
En total, más de 12 personas fueron detenidas. La investigación dejó al descubierto una organización escalonada, con dos bandas interconectadas y un mando único, capaz de operar durante meses en el AMBA sin levantar sospechas, hasta que la acumulación de pruebas permitió su desarticulación completa.
El desmantelamiento de “La Mafilia” expone no solo la magnitud del negocio ilegal detrás del robo de camionetas 4×4, sino también el nivel de planificación y recursos que alcanzan estas estructuras.
Un golpe que corta una cadena criminal aceitada, pero que también vuelve a poner en agenda la necesidad de sostener investigaciones profundas y sostenidas frente a delitos cada vez más organizados.



