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Correr en cuarentena: 80 días en pausa y un aluvión de runners que puede provocar una marcha atrás

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Ochenta días es el tiempo en el que un corredor amateur con varias competencias en el currículum puede preparar un medio maratón. Si los 21K de la Ciudad se llevaran a cabo en la fecha prevista, el 23 de agosto, este periodista y otros miles estarían en la fase inicial del entrenamiento para afrontar la prueba.

Pero la realidad es otra. Ochenta días pasaron desde que se inició el período de aislamiento obligatorio, también conocido como cuarentena. La pandemia del coronavirus se adueñó de la escena, trajo miedo y muerte. También problemas económicos. Alteró vidas y postergó sueños. Y aquellos que, por ejemplo, se habían puesto el objetivo de volver a intentar un medio maratón como revancha después de una cirugía a corazón abierto, como quien esto escribe, tuvieron que dejar colgadas las zapatillas y esperar.

Hasta este lunes.

Los más ansiosos salieron en la medianoche del domingo. Otros madrugaron para consumir los primeros kilómetros antes de las 8 de la mañana. La mayoría desbordó plazas y parques después de las 20. Hubo un aluvión de runners tras ochenta días en pausa.

En el ambiente latía la ansiedad por sentir el asfalto abajo de los pies. Por desplazarse en el espacio. Ganas de correr al aire libre, sin tener que mover la mesa del living para hacer espacio ni depender de la conexión de wi fi para entrenar, a través de zoom, cómo se hace una plancha, si las estocadas son isométricas o cuántos burpees vienen después del escalador.

Correr tiene que ver con ponerse objetivos y cumplirlos. Con tratar de ir siempre un kilómetro más allá. Pero también, para muchos, es la forma que encontraron de pelearle a la diabetes, a la hipertensión o a una enfermedad respiratoria crónica.

Caminantes, corredores, runners. Unos trotan, otros hacen pasadas. Con y sin barbijo. Alguno que se queja por una contractura inesperada. Otros, más jugados, hasta se animan a algún pique. La abstinencia parece haber hecho lo suyo. Miles de corredores, todos al mismo tiempo, salieron a encontrarse con ese objeto de deseo que les faltó durante tanto tiempo.

La noche está húmeda pero no hace frío. Parece un día de aquellos de antes de la cuarentena, pero no. La pista del Parque Chacabuco, que concentra la acción de miles de personas durante todo el año, ahora esta muda y vacía.

Un kilómetro de ida y otro de regreso. Dos vueltas al parque, que tiene un perímetro de dos  mil metros. Un poco más de una hora de actividad entre ratos de trote y otros de caminata rápida. Alguna cara conocida que se adivina detrás del tapaboca o del cuello térmico que se usa también para cubrir hasta la nariz.

Los que no corren se preguntan ¿y estos qué hacen? En las redes aparecen memes. Algunos ofensivos, otros que intimidan.

Y por supuesto que surgen la dudas. El miedo a contagiarse. Las preguntas ¿Salir a correr rodeados de tanta gente significa arriesgarse? ¿Se está derrochando tanto esfuerzo hecho hasta ahora? ​En el Gobierno porteño ya tomaron nota y evalúan cambios. ¿Se viene una marcha atrás?

Un colega acerca una reflexión. «Cuando había 100 casos, no dejaban salir a correr por el riesgo a los contagios. Ahora que hay 11.000, te dejan salir y hasta sin barbijo… muy coherente todo».

El pensamiento rebota. También los pies contra el asfalto. Algunos hablan de la emoción de volver. No es para tanto. Es más una necesidad. Porque cuando se corre desde hace diez años pasa eso. El cuerpo siente la ausencia de movimiento. Y los dolores que provoca el esfuerzo, cuando no se entrena se transforman en un cansancio raro, en contracturas cervicales, molestias lumbares y hasta calambres inexplicables.

Abstinencia. Compulsión. Eso parece que sienten los corredores que invaden parques y plazas.

Había que portarse bien. Respetar la distancia, cumplir con el horario (algunos arrancaron antes de tiempo), honrar la oportunidad ante otros miles que no tienen, por ejemplo, la chance de trabajar. Todo esos y otros pensamientos van y vienen en 6 kilómetros. Correr también es una especie de terapia.