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El Mercado de Pulgas fortalece su identidad con una importante renovación

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El histórico Mercado de Pulgas, uno de los emblemas culturales y comerciales de la Ciudad de Buenos Aires, atraviesa una nueva etapa de transformación.

Mientras mantiene intacta su esencia como punto de encuentro para amantes de las antigüedades, el Gobierno porteño avanza con la construcción de una nueva plaza que convertirá un antiguo estacionamiento en un espacio verde destinado a mejorar la calidad de vida de más de 70.000 vecinos.

«El Mercado cambió varias veces a lo largo de su historia, siempre supo adaptarse y hoy es parte de la identidad de un barrio.

Ahora, en un espacio que estaba en desuso estamos sumando un nuevo espacio verde para que los vecinos puedan disfrutar otro punto de encuentro al aire libre», destacó el ministro de Espacio Público, Ignacio Baistrocchi, al presentar los avances de la intervención urbana que busca integrar patrimonio, naturaleza y vida comunitaria.

El Mercado de Pulgas, ubicado en la manzana delimitada por las avenidas Dorrego y Álvarez Thomas y las calles Concepción Arenal y General Enrique Martínez, representa uno de los espacios con mayor valor histórico de la Ciudad.

Su historia comenzó a mediados de la década de 1930, cuando fue concebido como un mercado de abasto destinado a la comercialización de frutas y verduras que abastecía a gran parte de los vecinos de Colegiales y Palermo.

Durante décadas, el enorme galpón fue una pieza fundamental del circuito comercial barrial. Sin embargo, las transformaciones en los hábitos de consumo, la aparición de nuevos centros de distribución y la modernización de la actividad comercial fueron relegando su protagonismo hasta provocar el cierre de sus puertas. El edificio atravesó entonces un período de deterioro que parecía marcar el final de una etapa.

Pero lejos de desaparecer, el predio encontró una nueva identidad. En 1988 fue recuperado e inspirado en los tradicionales mercados europeos de antigüedades, como el célebre mercado de Saint-Ouen, en París.

Desde entonces comenzó una segunda vida como Mercado de Pulgas, especializándose en la compra, venta y restauración de objetos antiguos, muebles, piezas de colección y artículos únicos que rápidamente despertaron el interés de coleccionistas, decoradores, restauradores y amantes de la historia.

Con el paso de los años, el mercado fue consolidándose como uno de los principales polos dedicados a las antigüedades de Buenos Aires.

Entre sus pasillos es posible encontrar desde muebles restaurados hasta vajilla antigua, relojes, discos de vinilo, juguetes de época, lámparas industriales, cuadros, objetos decorativos, herramientas, esculturas y una enorme variedad de piezas que conservan parte de la memoria de distintas generaciones.

El crecimiento de la actividad obligó también a enfrentar nuevos desafíos. En diciembre de 2005, el deterioro estructural del edificio llevó al cierre temporal del predio para garantizar la seguridad de comerciantes y visitantes.

Mientras los puesteros continuaban trabajando en un espacio cercano, comenzaron importantes obras de recuperación que incluyeron la renovación completa de la estructura, nuevos accesos, mejoras en la iluminación, reacondicionamiento de los puestos y la incorporación de sectores de estacionamiento.

Tras varios años de trabajos, el Mercado de Pulgas volvió a abrir sus puertas en 2011 completamente renovado, manteniendo el espíritu que lo convirtió en un clásico porteño pero adaptado a las necesidades actuales.

Hoy cuenta con más de 160 locales donde conviven los tradicionales ebanistas y restauradores con nuevas propuestas vinculadas al diseño sustentable, el reciclado y la decoración vintage.

Además de la comercialización de objetos antiguos, el predio ofrece servicios especializados de restauración de muebles, pulido, encolado, lustre y recuperación de piezas históricas.

Muchos de esos elementos también encontraron un nuevo destino como parte de escenografías de películas, programas de televisión, producciones audiovisuales, publicidades y obras teatrales, convirtiendo al mercado en un proveedor habitual para la industria cultural.

En el último año, el Gobierno de la Ciudad llevó adelante una importante renovación integral del edificio. En el exterior se realizaron trabajos de limpieza, pintura de los muros, renovación de cristales, colocación de nuevas rejas y actualización de toda la cartelería institucional.

Mientras tanto, en el interior se reemplazaron cielorrasos, se incorporó iluminación moderna y se mejoraron distintos sectores para optimizar la experiencia tanto de comerciantes como de visitantes.

Sin embargo, la transformación no se limita únicamente al edificio histórico. A pocos metros del mercado comenzó una obra que promete modificar significativamente el paisaje urbano de la zona.

Allí donde hasta hace poco funcionaba un playón de estacionamiento prácticamente sin uso, avanza la construcción de una nueva plaza de 2.101 metros cuadrados que permitirá sumar vegetación y espacios recreativos en uno de los sectores con mayor circulación de vecinos.

El proyecto contempla la plantación de 50 árboles de distintas especies, entre ellas jacarandás, fresnos, patas de vaca, anacahuitas y yerba de bugre, que aportarán sombra y contribuirán a mejorar las condiciones ambientales del barrio.

También se instalarán luminarias LED para reforzar la seguridad durante la noche y se desarrollarán senderos accesibles que favorecerán la circulación peatonal.

Uno de los aspectos más destacados de la iniciativa será la integración de este nuevo espacio con las plazas Mafalda y Clemente, conformando un corredor verde que fortalecerá la conectividad urbana y ofrecerá nuevos lugares de descanso y recreación para vecinos y visitantes.

La futura plaza también incorporará grandes pérgolas metálicas cubiertas con vegetación, diseñadas para generar amplios sectores de sombra durante los meses de altas temperaturas.

Estas estructuras funcionarán como refugios climáticos y promoverán la permanencia de las personas en el espacio público, una tendencia cada vez más presente en los proyectos urbanos de las grandes ciudades.

En paralelo continúan las tareas de demolición de sectores de la calzada, ensanche de veredas, retiro de antiguos adoquines y construcción de las bases donde se instalarán las pérgolas.

Las próximas etapas contemplan nuevas veredas, tendido eléctrico, pintura de la fachada del mercado y la colocación del mobiliario urbano. El objetivo oficial es finalizar toda la intervención durante el mes de octubre.

La nueva plaza del Mercado de Pulgas forma parte de una política más amplia de recuperación de terrenos en desuso para transformarlos en espacios verdes.

En ese marco también avanzan proyectos similares en San Cristóbal, donde un antiguo predio ferroviario será convertido en una plaza de más de 11.000 metros cuadrados, y en Villa Urquiza, donde otro terreno ferroviario dará lugar a un parque de casi 6.000 metros cuadrados.

Estas iniciativas se suman a la inauguración de la primera plaza de Villa Santa Rita, una obra que respondió a un histórico reclamo vecinal y consolidó la estrategia de ampliar la red de espacios públicos en distintos barrios porteños.

Con casi un siglo de historia, el Mercado de Pulgas demuestra que es posible preservar el patrimonio mientras se impulsa la renovación urbana.

La combinación entre un edificio cargado de memoria, una actividad comercial que mantiene vivas antiguas tradiciones y la incorporación de nuevos espacios verdes refuerza el valor de este rincón porteño como uno de los puntos de encuentro más representativos de la Ciudad, donde pasado y futuro continúan conviviendo en un mismo lugar.