
La reapertura de dos estaciones emblemáticas del subte porteño marcó esta semana un nuevo capítulo en la transformación del transporte público de la Ciudad.
Después de meses de obras, andenes vacíos y persianas bajas, Plaza Italia volvió a latir sobre la Línea D y Uruguay retomó su ritmo en la Línea B.
No se trató solo de una puesta en valor estética: lo que se puso en marcha es una etapa clave del Plan de Renovación Integral que promete más frecuencia, mayor seguridad y un estándar de calidad que, aseguran desde el Gobierno porteño, busca equipararse con las grandes capitales del mundo.
“Nuestro compromiso es que los usuarios viajen cada vez mejor y para eso no solo es necesario renovar las estaciones y cambiar los coches, también estamos modernizando la infraestructura eléctrica y de señales para que los trenes puedan circular con mayor frecuencia y seguridad”, afirmó el jefe de Gobierno, Jorge Macri, durante la recorrida por ambas estaciones.
Y añadió que, junto con la futura Línea F y la incorporación del TramBus, la Ciudad aspira a dar “un salto de calidad” en movilidad.
El regreso de Plaza Italia no fue un detalle menor. Ubicada en el corazón de Palermo, es una de las estaciones con mayor caudal de pasajeros de la Línea D y un punto neurálgico para quienes combinan con colectivos o se desplazan hacia parques y centros comerciales.
Allí la intervención fue profunda: recambio total de pisos, reacondicionamiento del hall y los accesos, nuevas placas de recubrimiento metálico resistentes a la corrosión y una doble cubierta en el techo para canalizar el agua y prevenir filtraciones, uno de los problemas históricos de la red.
La estación, además, posee un valor patrimonial que obligó a un trabajo minucioso. Ocho murales fueron restaurados por especialistas en conservación y patrimonio, y se incorporaron cuatro ventanas históricas de diez metros cada una que recuperan parte de la identidad original del espacio.
Los azulejos del andén que estaban deteriorados fueron retirados, intervenidos y recolocados. El objetivo, explicaron desde el área técnica, fue conjugar modernización con preservación histórica, una tensión permanente en una red centenaria como la de Buenos Aires.
La otra protagonista fue Uruguay, en plena calle Corrientes, un punto atravesado por la cultura porteña y el circuito teatral. Allí la renovación no solo apuntó a la infraestructura sino también a una intervención artística integral que evoca el esplendor de las salas teatrales.
Telones, butacas, luminarias tipo marquesinas y candilejas recrean la atmósfera de los escenarios. La iniciativa surgió a partir de un convenio con la Asociación Argentina de Empresarios/as Teatrales y Musicales y contó con la participación de la escenógrafa Mariana Tirantte, una de las figuras más reconocidas del rubro.
En Uruguay también se avanzó con trabajos estructurales: impermeabilización, pintura integral, colocación de revestimientos metálicos para prevenir filtraciones, nuevo mobiliario —bancos y cestos—, luces LED, señalización braille y cartelería renovada.
Se restauraron cuatro murales y se reorganizaron por completo los locales comerciales del hall, buscando ordenar la circulación y mejorar la experiencia del usuario.
Estas reaperturas se enmarcan en un plan más amplio que abarca 48 estaciones. De ese total, 17 ya fueron renovadas: Castro Barros, Lima, Loria, Acoyte y Río de Janeiro en la Línea A; Pueyrredón, Pasteur-AMIA, Uruguay y Carlos Gardel en la B; San Martín en la C; Plaza Italia, Agüero, Bulnes, Facultad de Medicina, Scalabrini Ortiz y Palermo en la D; y Jujuy en la E, además de paradores del Premetro.
Otras tres permanecen cerradas por obras: Piedras y Congreso en la A, y Malabia en la B. En los próximos meses continuarán los trabajos en Tribunales (D), Medrano y Gallardo (B), Lavalle e Independencia (C), y General Urquiza y Entre Ríos (E).
El ministro de Movilidad e Infraestructura, Pablo Bereciartua, subrayó que el programa no se limita a la superficie visible. Según detalló, se están incorporando nuevos accesos, escaleras mecánicas y ascensores para mejorar la accesibilidad y reducir tiempos de circulación.
El foco, explicó, es fortalecer una red que transporta a cientos de miles de pasajeros por día y que sigue siendo una de las principales alternativas frente a la congestión vehicular en superficie.
En paralelo, avanzan obras estratégicas que impactarán en la operación diaria. En la Línea D continúa la ampliación de la cochera en Congreso de Tucumán, una intervención clave para optimizar tareas de mantenimiento y reducir el tiempo fuera de servicio de las formaciones.
La Línea B, por su parte, encara una transformación de fondo: renovación total de vías y readecuación del sistema eléctrico a 1.500 voltios mediante ocho nuevas subestaciones. Este cambio permitirá incrementar la velocidad comercial y mejorar la regularidad.
El salto tecnológico se completará con la incorporación de 174 coches nuevos con aire acondicionado que se encuentran en proceso de fabricación.
La renovación total de la flota en la B busca cerrar una etapa marcada por formaciones antiguas y recurrentes reclamos de los usuarios. Si el cronograma se cumple, la línea más utilizada del sistema experimentará un cambio estructural en los próximos años.
El desafío, claro está, no se agota en la inauguración de estaciones remozadas. La clave será sostener el mantenimiento, garantizar la frecuencia prometida y acompañar el crecimiento de la demanda.
En una ciudad donde el subte forma parte de la vida cotidiana y define la dinámica urbana, cada obra impacta más allá del andén.
Con Plaza Italia y Uruguay nuevamente operativas, la Ciudad avanza en una hoja de ruta que combina patrimonio, tecnología y modernización.
El resultado, en definitiva, se medirá en la experiencia diaria de los pasajeros: menos demoras, más confort y una red que aspire a estar a la altura de su historia.
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