
La estación Agüero de la Línea D cerró sus puertas el lunes 1° de septiembre y permanecerá inactiva por alrededor de tres meses, como parte del ambicioso Plan de Renovación Integral de Estaciones impulsado por Subterráneos de Buenos Aires S.E. (SBASE).
La medida, aunque implica una interrupción en la rutina de los pasajeros, busca transformar la experiencia de viaje y garantizar mayor seguridad, confort y accesibilidad.
“Cada obra que encaramos tiene un doble propósito: preservar el patrimonio histórico y, al mismo tiempo, ofrecer un espacio moderno que acompañe la demanda actual del transporte público en la Ciudad”, remarcaron desde SBASE al anunciar los trabajos.
Las intervenciones planificadas para Agüero son diversas y abarcan desde la impermeabilización de la estructura hasta la renovación estética y funcional.
Se trabajará con técnicas de inyección y tratamiento de juntas para reforzar la resistencia contra filtraciones, además de aplicar productos de última generación que aseguren la durabilidad.
A ello se suma el recambio completo de pisos, la colocación de revestimiento metálico en paredes, la instalación de nuevas luces LED de bajo consumo y la incorporación de mobiliario en andenes, como bancos, cestos y apoyos isquiáticos.
Un aspecto relevante de la obra es la inclusión de señalización braille en pasamanos y pórticos, lo que forma parte de la política de accesibilidad que SBASE viene implementando en los últimos años.
Este punto resulta clave, dado que miles de personas con discapacidad visual utilizan diariamente el subte y requieren de recursos concretos que les permitan desplazarse con mayor independencia.
La dimensión patrimonial tampoco queda al margen. Agüero cuenta con murales históricos en la zona de andenes que serán restaurados por especialistas en conservación.
“Se trata de proteger obras que forman parte de la identidad cultural de la Ciudad, y que, al mismo tiempo, conviven con el tránsito diario de millones de usuarios”, explicaron desde el área de restauración.
El alcance de las mejoras incluye accesos, galerías de escaleras mecánicas y peatonales, vestíbulos y andenes.
Con ello, se busca no solo mejorar la circulación sino también generar un entorno más ordenado y con mayor iluminación, dos aspectos valorados por los usuarios que en muchas ocasiones se enfrentan a estaciones deterioradas, con filtraciones o iluminación deficiente.
El cierre de Agüero se suma al de Plaza Italia, también de la Línea D, y Carlos Gardel, en la Línea B, que permanecen inactivas por trabajos similares.
El plan general no es menor: en los últimos años se pusieron en valor once estaciones, entre ellas Castro Barros, Lima y Acoyte de la Línea A; Pueyrredón y Pasteur-AMIA de la Línea B; San Martín de la Línea C; y varias de la D como Bulnes, Facultad de Medicina, Scalabrini Ortiz y Palermo.
A eso se agrega la renovación de trece paradores del Premetro, un transporte que suele quedar relegado en las discusiones pero que cumple un rol fundamental en los barrios del sur porteño.
Lo que viene tampoco es poco. Están programadas obras en estaciones como Loria, Río de Janeiro, Piedras y Congreso (Línea A); Uruguay y Malabia (Línea B); y Tribunales (Línea D).
También hay licitaciones abiertas para Medrano y Ángel Gallardo (B), Lavalle e Independencia (C), y General Urquiza y Entre Ríos (E). En total, se trata de una inversión sostenida que busca modernizar la red en su conjunto y prolongar su vida útil.
Paralelamente, SBASE avanza en otro frente: la extensión horaria del servicio de Subte. La medida, que comenzó como prueba piloto en la Línea B durante los viernes de verano, se consolidó debido a la buena aceptación de los pasajeros.
Desde marzo, la extensión también rige los sábados y se implementaron operativos especiales para facilitar la desconcentración en partidos de River Plate, de la Selección Argentina y en recitales masivos como los de Buenos Aires Trap, Los Piojos o La Renga.
La lógica detrás de esta política es clara: desalentar el uso del transporte privado en eventos que generan grandes concentraciones de personas y, en paralelo, fomentar un esquema más sustentable. Para la Ciudad, se trata de un paso importante hacia la modernización del sistema de movilidad urbana.
Según datos oficiales, más de 900 mil personas utilizan el Subte en días hábiles, una cifra que muestra el peso de este medio en la vida cotidiana de los porteños.
En ese marco, cada obra de mejora, por mínima que parezca, tiene impacto directo en la rutina de miles de usuarios.
“Invertir en el Subte es invertir en calidad de vida”, afirmaron fuentes vinculadas al área de transporte, que destacan además que la modernización contribuye a reducir los tiempos de viaje y la contaminación ambiental.
Es cierto que el cierre de estaciones genera molestias, especialmente para quienes dependen de esos accesos para llegar a su trabajo o estudio. Sin embargo, la apuesta es que las mejoras compensen ese período de incomodidad con una estación renovada y preparada para las próximas décadas.
El desafío, como siempre, será la coordinación de las obras y el cumplimiento de los plazos anunciados. La experiencia muestra que en ocasiones los plazos se extienden más de lo previsto, lo cual genera fastidio entre los pasajeros.
No obstante, en esta oportunidad, las autoridades aseguran que los tiempos se ajustarán al cronograma establecido, con reapertura estimada para principios de diciembre.
El Subte porteño, que comenzó a funcionar en 1913 y fue pionero en América Latina, sigue enfrentando el reto de conjugar tradición y modernidad.
La renovación de estaciones como Agüero es una muestra de que el sistema aún tiene mucho para dar y que su puesta en valor es clave para una Ciudad que crece y se transforma de manera constante.
El cierre de Agüero no es una mala noticia en sí misma, sino una oportunidad de tener una estación más segura, accesible y moderna.
El verdadero desafío será que estas obras se traduzcan en una experiencia tangible para los usuarios, que al volver a ingresar encuentren un espacio más cómodo y a la altura de sus expectativas.
La modernización de la estación Agüero es un paso más dentro de una política de transformación que busca sostener al Subte como columna vertebral del transporte público porteño.




