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Escuelas más silenciosas: la propuesta que gana terreno en la Ciudad

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El ruido en las aulas, ese sonido que muchos consideran parte natural de la vida escolar, está siendo puesto bajo la lupa por especialistas y autoridades educativas.

Hoy sabemos que algo tan cotidiano como el arrastre de una silla puede convertirse en una barrera real para el aprendizaje, especialmente para estudiantes con autismo o hipersensibilidad auditiva.

En ese escenario, una solución simple, económica y replicable empieza a ganar terreno en escuelas argentinas.

Lo que para algunos es apenas un ruido molesto, para otros puede ser una experiencia dolorosa y angustiante, explican desde organizaciones que trabajan con trastornos del espectro autista.

Puntos de Recolección

La frase sintetiza el espíritu de una campaña que busca modificar la dinámica del aula sin necesidad de grandes inversiones ni cambios estructurales complejos.

El punto de partida es claro: el ruido ambiental impacta directamente en la capacidad de concentración, la regulación emocional y el bienestar general dentro del aula.

En niños y adolescentes con trastornos del espectro autista (TEA) o con hiperacusia —una sensibilidad extrema al sonido—, estos estímulos pueden generar estrés, sobrecarga sensorial e incluso crisis.

En este contexto surge la campaña «Démosle pelota al autismo», impulsada por la Fundación INECO y acompañada por el Ministerio de Educación.

La iniciativa propone colocar pelotas de tenis en las patas de sillas y mesas para amortiguar el sonido del movimiento del mobiliario escolar.

La idea, que ya fue aplicada en distintos países, se basa en un principio simple de física: el material de la pelota absorbe parte de la vibración y reduce el impacto sonoro contra el piso.

En términos prácticos, esto significa menos ruido constante durante las horas de clase, algo que beneficia a todos los estudiantes, no solamente a quienes presentan condiciones neurosensoriales específicas.

Desde el Ministerio remarcan que la medida se enmarca dentro de políticas de inclusión educativa que buscan garantizar igualdad de oportunidades.

No se trata solo de adaptar contenidos pedagógicos, sino también de mejorar las condiciones ambientales en las que se desarrolla el aprendizaje.

La campaña, además, tiene un fuerte componente comunitario. Se convoca a familias, clubes, instituciones deportivas y a la sociedad en general a donar pelotas de tenis en desuso. Luego, estas son acondicionadas —se limpian, se cortan y se preparan para su colocación— antes de ser distribuidas en establecimientos educativos.

El objetivo es ambicioso pero concreto: lograr que cada institución educativa cuente, al menos, con un aula adaptada acústicamente.

Según estimaciones de organizaciones vinculadas al autismo, pequeños cambios ambientales pueden mejorar notablemente la permanencia escolar y la participación activa de estudiantes con hipersensibilidad sensorial.

Otro punto clave es la capacitación docente. La propuesta no se limita a la entrega de materiales, sino que se complementa con guías explicativas, material audiovisual y estrategias pedagógicas que ayudan a los equipos escolares a comprender la importancia de la regulación sensorial dentro del aula.

Especialistas en neurociencias sostienen que la sobrecarga auditiva puede afectar procesos cognitivos básicos como la atención sostenida y la memoria de trabajo.

En ese sentido, reducir el ruido de fondo no solo mejora la experiencia de estudiantes con TEA, sino que también favorece el clima general del aula y la calidad del aprendizaje.

Experiencias piloto en distintas regiones muestran resultados positivos. Docentes reportan menos interrupciones, mayor tiempo efectivo de enseñanza y un ambiente más tranquilo. Incluso estudiantes sin diagnósticos específicos manifiestan sentirse más cómodos en entornos menos ruidosos.

La propuesta también abre un debate más amplio sobre accesibilidad e inclusión. La educación inclusiva ya no se limita al acceso físico a la escuela, sino que implica construir entornos que contemplen las distintas formas en que las personas perciben y procesan el mundo.

En paralelo, la campaña busca generar conciencia social. Muchas veces, las dificultades sensoriales no son visibles y pueden ser malinterpretadas como problemas de conducta o falta de atención. Visibilizar estas realidades permite construir comunidades educativas más empáticas y preparadas.

La incorporación de pelotas de tenis en el mobiliario escolar puede parecer un gesto mínimo, pero representa un cambio profundo en la forma de pensar la educación.

Cuando las soluciones simples se combinan con políticas públicas y compromiso social, la inclusión deja de ser un discurso para transformarse en una práctica concreta dentro del aula.