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La Ciudad completó la transformación de Plaza Houssay

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La Plaza Dr. Bernardo Houssay volvió a ocupar un lugar central en la vida cotidiana de Recoleta tras una remodelación integral que cambió por completo su fisonomía y su modo de uso.

La intervención, encarada por la Ciudad, no solo resolvió años de deterioro acumulado sino que redefinió el espacio como un verdadero punto de encuentro urbano, donde conviven el deporte, el estudio, el descanso y la recreación en uno de los entornos educativos y sanitarios más transitados de Buenos Aires.

“Queríamos recuperar un espacio clave para estudiantes y vecinos, y devolverle a la plaza un rol activo y seguro durante todo el día”, explicaron desde el Gobierno porteño al presentar la obra, que completó una etapa pendiente desde 2018 y puso el foco en el sector sobre la calle Paraguay, históricamente relegado y con infraestructura en estado crítico.

En esta nota contamos qué pasó, cómo se llevó adelante la transformación y por qué la puesta en valor de Plaza Houssay excede una simple mejora estética.

La obra se desarrolló sobre una superficie cercana a los 20.000 metros cuadrados y atacó problemas estructurales que condicionaban el uso cotidiano del lugar.

Hasta hace poco, el área combinaba sectores pavimentados con fisuras, desniveles peligrosos, equipamiento deportivo dañado y gradas de hormigón desgastadas que habían perdido toda funcionalidad.

La circulación peatonal era incómoda, especialmente para personas con movilidad reducida, y el espacio resultaba poco atractivo para permanecer.

La intervención comenzó por lo esencial: el suelo. Se realizó una rehabilitación completa del solado, reemplazando las superficies deterioradas por un nuevo contrapiso de hormigón continuo que mejoró la seguridad, la accesibilidad y el confort.

Esta decisión permitió reordenar recorridos, jerarquizar accesos y garantizar un uso más fluido del espacio, algo clave en una plaza atravesada a diario por miles de estudiantes y trabajadores de la zona.

Uno de los ejes centrales de la obra fue la creación de un nuevo sector deportivo, pensado para fomentar la actividad física al aire libre y responder a una demanda concreta de los usuarios habituales.

Se incorporó una posta de calistenia y canchas específicas de fútbol, vóley y básquet, con dimensiones y equipamiento adecuados para cada disciplina.

El objetivo, según se explicó oficialmente, fue promover hábitos saludables y ofrecer alternativas gratuitas en un entorno urbano de alta densidad.

A esto se sumó un sector multiuso, una superficie flexible diseñada para actividades como yoga, talleres, prácticas recreativas y encuentros grupales.

Este espacio amplió notablemente las posibilidades de uso de la plaza y permitió diversificar la agenda cotidiana, integrando propuestas vinculadas al bienestar físico y mental.

El paisajismo fue otro de los puntos fuertes de la transformación. Las antiguas gradas de hormigón, que durante años funcionaron como barreras visuales y espacios residuales, fueron reemplazadas por canteros con vegetación.

La incorporación de masa verde no solo mejoró la estética general, sino que aportó sombra, confort ambiental y una integración más armónica con el entorno urbano.

También se sumaron nuevos canteros en la entrada principal, reforzando la identidad del acceso y mejorando la experiencia de quienes ingresan por primera vez.

Un capítulo especial merecen las áreas de descanso y encuentro, pensadas especialmente para los estudiantes de las facultades de Medicina y Odontología de la UBA, ubicadas a pocos metros.

Se instaló mobiliario urbano funcional, con mesas y bancos integrados, que permite estudiar, almorzar o simplemente hacer una pausa entre clases.

La plaza, de este modo, refuerza su rol como extensión del ámbito universitario, un espacio intermedio entre la cursada y la vida urbana.

La obra también contempló una mejora sustancial del alumbrado público. La incorporación de nuevas luminarias y la optimización del sistema existente apuntaron a reforzar la seguridad y a extender el uso del espacio en horarios nocturnos.

Este punto resulta clave en una zona con alta circulación vespertina y nocturna, donde la percepción de seguridad incide directamente en la apropiación del espacio público.

Desde la Ciudad destacan que la puesta en valor de Plaza Houssay no es un hecho aislado, sino parte de una política sostenida de recuperación de espacios verdes y plazas barriales.

En este caso particular, el desafío fue intervenir en un nodo urbano complejo, atravesado por flujos constantes y con una identidad muy marcada por la vida universitaria y hospitalaria.

El mensaje final de las autoridades apunta a la corresponsabilidad: se convoca a estudiantes y vecinos a cuidar el espacio, respetar el mobiliario y promover una convivencia amable que permita sostener en el tiempo los beneficios de la obra.

La renovación de Plaza Houssay deja en claro que el espacio público, cuando se planifica y se mantiene, puede convertirse en un verdadero motor de integración urbana y calidad de vida.