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La Ciudad refuerza emergencias ante la ola de calor

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La Ciudad de Buenos Aires atraviesa días de calor extremo y el termómetro volvió a encender señales de alerta: el Servicio Meteorológico Nacional ubicó al distrito en nivel naranja, una categoría que advierte sobre riesgos concretos para la salud, especialmente en niñas, niños y personas mayores de 65 años.

Frente a este escenario, el Gobierno porteño activó una red de 86 refugios climáticos abiertos al público, pensados para ofrecer alivio térmico, descanso y continuidad de actividades en espacios más frescos y seguros.

Cuando el calor se vuelve peligroso, el acceso a espacios frescos deja de ser un lujo y pasa a ser una herramienta de cuidado”, señalan desde el Ejecutivo local, al explicar la ampliación y consolidación de la red de refugios como respuesta concreta ante olas de calor cada vez más frecuentes e intensas.

La inclusión de la Ciudad de Buenos Aires en nivel naranja implica un llamado a extremar precauciones. No se trata solo de incomodidad térmica: las altas temperaturas sostenidas pueden provocar deshidratación, golpes de calor y descompensaciones, con mayor impacto en grupos de riesgo.

En ese marco, la red de refugios climáticos funciona como una estrategia urbana de adaptación al cambio climático y de cuidado comunitario.

Los refugios se distribuyen en distintos puntos de la Ciudad y combinan espacios cerrados con climatización y áreas verdes con sombra y vegetación abundante.

Entre los sitios cerrados se destacan centros culturales, bibliotecas, museos y escuelas que cuentan con aire acondicionado o condiciones térmicas naturalmente más estables.

Ejemplos emblemáticos son la Usina del Arte, en el sur porteño, y museos históricos ubicados sobre avenidas arboladas que, por su arquitectura, ofrecen interiores más frescos.

A la par, existen refugios al aire libre que cumplen un rol clave: parques y jardines con alta presencia de árboles, superficies permeables y sectores de sombra que reducen la temperatura ambiente.

El Jardín Botánico Carlos Thays y el Ecoparque figuran entre los más concurridos durante las jornadas de calor, no solo por su valor ambiental sino también por su ubicación estratégica y fácil acceso.

El programa de refugios climáticos no es improvisado. Funciona desde hace dos años y nació con una primera experiencia piloto en el Jardín Botánico.

Con el tiempo se incorporaron espacios como el Centro Cultural San Martín y distintos museos, hasta alcanzar los actuales 86 puntos distribuidos en la Ciudad.

La ampliación responde a una realidad climática que se repite cada verano con mayor intensidad y duración, obligando a las ciudades a repensar su infraestructura y sus políticas de prevención.

Desde la gestión porteña remarcan que estos espacios están pensados para descansar, hidratarse, bajar la temperatura corporal y continuar con actividades cotidianas, pero no reemplazan la atención sanitaria.

Por eso, ante síntomas como mareos, dolor de cabeza, náuseas, deshidratación o malestar general, se recomienda acudir de inmediato al centro de salud más cercano o comunicarse con el SAME llamando al 107.

El operativo frente al calor incluye, además, el refuerzo de los equipos de emergencia: SAME, Bomberos y Defensa Civil trabajan con guardias ampliadas para responder ante eventuales incidentes.

A esto se suma un esquema preventivo ante posibles cortes de suministro eléctrico en zonas críticas, con la disposición de generadores propios para garantizar servicios esenciales.

Para facilitar el acceso a la información, la Ciudad puso a disposición un mapa interactivo con la ubicación de todos los refugios climáticos, disponible en el sitio oficial porteño, y también a través de Boti, el chat de atención ciudadana.

De esta manera, vecinos y visitantes pueden identificar rápidamente el refugio más cercano según su ubicación y planificar traslados en las horas de mayor temperatura.

Las recomendaciones oficiales frente a las altas temperaturas son claras y reiteradas: hidratarse con frecuencia, incluso sin sensación de sed; evitar la exposición directa al sol entre las 10 y las 17; usar ropa liviana y de colores claros; priorizar alimentos frescos como frutas y verduras; reducir el consumo de comidas pesadas; y organizar la actividad física para las primeras horas de la mañana o el atardecer.

Permanecer en espacios frescos o con sombra y hacer pausas frecuentes cuando se está al aire libre puede marcar la diferencia.

En un contexto de alertas térmicas cada vez más habituales, la red de refugios climáticos se consolida como una respuesta concreta de la Ciudad ante el calor extremo: una política que combina prevención, acceso público y cuidado de la salud, y que busca que el verano no se convierta en un riesgo evitable para quienes habitan y transitan Buenos Aires.

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