
La inteligencia artificial dejó de ser una herramienta reservada para especialistas y pasó a ocupar un lugar cada vez más visible en la vida cotidiana de los chicos.
Con seis de cada diez estudiantes de entre 9 y 17 años utilizando este tipo de tecnología y una fuerte presencia en las tareas escolares, la Ciudad de Buenos Aires decidió incorporar la alfabetización en inteligencia artificial y la protección digital como contenidos obligatorios en las escuelas primarias y secundarias.
“No se trata de un salto entre no usar y usar la IA, sino de un recorrido pedagógico donde lo que crece es el criterio y la autonomía de los estudiantes.
La alfabetización en IA en la Ciudad es, ante todo, una política de protección digital que pone a las personas en el centro”, afirmó la ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, al explicar el enfoque de la nueva propuesta.
La decisión parte de una realidad concreta: la inteligencia artificial ya está presente en la rutina de una gran cantidad de alumnos, incluso antes de que exista una formación sistemática sobre su funcionamiento.
El 58% de los chicos de entre 9 y 17 años ya utiliza herramientas de IA y dos de cada tres recurren a ellas para resolver, complementar o desarrollar tareas escolares.
Frente a ese escenario, la Ciudad resolvió avanzar con contenidos obligatorios para que el aprendizaje no quede librado exclusivamente a la iniciativa personal de cada estudiante, al acompañamiento familiar o a los recursos de cada institución.
La iniciativa forma parte del Plan Buenos Aires Aprende y de la política de Protección Digital Infantil y Adolescente. El objetivo no será simplemente enseñar a utilizar una aplicación o pedirle respuestas a un asistente conversacional.
La propuesta apunta a que los estudiantes comprendan qué es la inteligencia artificial, cómo funciona, cuáles son sus posibilidades y, especialmente, cuáles son sus límites y riesgos.
Los contenidos se incorporarán de manera gradual durante toda la trayectoria educativa y con acompañamiento de los docentes. En los primeros años de la primaria, los alumnos comenzarán por conocer qué es la inteligencia artificial y en qué situaciones aparece dentro de su vida cotidiana.
En esa etapa no tendrán contacto directo con las herramientas, sino que el aprendizaje estará orientado a reconocer sus usos, identificar situaciones de riesgo y empezar a construir una mirada crítica sobre una tecnología que ya atraviesa múltiples espacios.
A partir de cuarto grado, la aproximación será más cercana. Los estudiantes de 4°, 5°, 6° y 7° podrán explorar distintas herramientas primero de manera grupal y guiada y, más adelante, en forma individual bajo supervisión.
Entre las actividades previstas aparecen la creación de infografías, la escritura asistida mediante sistemas conversacionales y la grabación de podcasts vinculados con contenidos trabajados en el aula.
También podrán utilizar asistentes de escritura para elaborar borradores de cuentos o textos informativos. Sin embargo, la intención no será reemplazar el trabajo intelectual del alumno por una respuesta automática.
Los textos generados o asistidos servirán como punto de partida para revisar, corregir, debatir y reescribir de manera colaborativa. La idea es que la IA funcione como una herramienta dentro del proceso educativo y no como un atajo para evitarlo.
En el nivel secundario, el grado de autonomía será mayor. Durante primero y segundo año, los estudiantes aprenderán a utilizar estas herramientas con criterio, entendiendo que una respuesta aparentemente correcta no siempre es verdadera.
Desde tercero hasta quinto año, en tanto, comenzará una etapa de mayor cocreación, investigación y resolución de problemas con el apoyo de inteligencia artificial.
Los ejemplos abarcan diferentes materias y situaciones. Los alumnos podrán analizar textos históricos o científicos para obtener resúmenes, preguntas clave o distintos enfoques que luego funcionen como disparadores para el debate.
También podrán recurrir a generadores de imágenes o videos para desarrollar proyectos integradores en áreas como Biología, Arte o Ciudadanía Digital.
El desafío será aprender a usar la tecnología sin perder la capacidad de analizar, contrastar información y elaborar conclusiones propias.
Uno de los puntos centrales de la nueva formación será justamente la identificación de los riesgos. Los estudiantes aprenderán qué son las llamadas “alucinaciones”, respuestas producidas por sistemas de inteligencia artificial que pueden sonar convincentes, pero que contienen información incorrecta, inexacta o directamente inventada.
En un contexto en el que obtener una respuesta lleva apenas segundos, la capacidad de verificarla se vuelve tan importante como saber formular una buena consulta.
También se abordarán los sesgos algorítmicos, que pueden producir resultados injustos o parciales como consecuencia de datos de entrenamiento desequilibrados o de decisiones tomadas por personas durante el desarrollo de una herramienta.
A esto se sumará el análisis de las deepfakes, contenidos audiovisuales manipulados mediante inteligencia artificial que pueden hacer parecer real una situación que nunca ocurrió.
La incorporación de estos temas busca responder a un cambio profundo en la forma en que los chicos acceden a la información y producen contenidos.
La escuela ya no solo debe enseñar a buscar datos, leerlos y analizarlos, sino también a reconocer cuándo una imagen fue manipulada, cuándo una respuesta necesita ser comprobada y qué consecuencias puede tener compartir información generada artificialmente.
El desafío, entonces, no será prohibir una tecnología que ya forma parte de la vida cotidiana, sino enseñar a utilizarla con responsabilidad. La inteligencia artificial ofrece herramientas para investigar, crear y resolver problemas, pero también puede reproducir errores, amplificar prejuicios o facilitar la difusión de contenidos falsos.
Por eso, la propuesta educativa pone el foco en formar usuarios activos, capaces de preguntar, cuestionar y tomar decisiones informadas.
Con esta incorporación, la Ciudad busca que la relación de los estudiantes con la inteligencia artificial deje de depender únicamente del ensayo y error.
Desde los primeros años de la escuela hasta el final de la secundaria, la formación avanzará de manera progresiva para que el aumento de la autonomía vaya acompañado por un mayor desarrollo del pensamiento crítico.
La inteligencia artificial ya ingresó en la rutina de las aulas, incluso cuando no formaba parte formalmente de los contenidos. Ahora, el desafío será convertir esa presencia cotidiana en una oportunidad de aprendizaje y establecer criterios claros para que las nuevas generaciones puedan aprovechar sus herramientas sin quedar atrapadas por sus errores, sesgos o engaños.




