
«Acompañar a las escuelas no es solo una visita: es un compromiso real con las comunidades educativas de la Ciudad», sostienen desde el Ministerio.
Fue una mañana que tuvo de todo: emoción familiar, acto patrio y gestión educativa en el mismo lugar. Mercedes Miguel, ministra de Educación porteña, se plantó en el St. Brendan’s College junto a las directoras generales de Educación de Gestión Privada y de Escuela Abierta a la Comunidad —Nora Lima y Teresa Patronelli, respectivamente— para protagonizar una jornada que fue mucho más que protocolo. Los chicos de cuarto grado prometieron lealtad a la bandera, las familias aplaudieron, y las autoridades escucharon.
La recorrida por las instalaciones del colegio fue el puntapié de una visita que combinó gestión, diálogo y celebración. Miguel y su equipo conversaron mano a mano con directivos, docentes y familias. No fue una reunión de escritorio: fue un intercambio sobre los desafíos concretos de la institución y las oportunidades que se abren desde el Estado.
Los puntos clave de la jornada
- Los alumnos de 4º grado realizaron la promesa a la bandera ante familias, docentes y autoridades educativas.
- El acto rindió homenaje al legado de Manuel Belgrano y reafirmó el valor simbólico de la bandera nacional.
- Se recorrieron distintos espacios físicos del colegio, con foco en las condiciones pedagógicas.
- La visita es parte de una política ministerial de presencia territorial en las escuelas porteñas.
- Se compartieron experiencias sobre el rol de las familias en el recorrido educativo de los estudiantes.
Desde el Ministerio de Educación de la Ciudad remarcan que estas visitas a las instituciones —tanto de gestión pública como privada— forman parte de una estrategia que busca algo muy concreto: no gestionar desde lejos. La idea es que las autoridades conozcan de primera mano lo que vive cada comunidad escolar, detecten necesidades y fortalezcan los puentes entre el Estado y las familias. En un sistema educativo que atraviesa transformaciones constantes —tecnología, diversidad, nuevas dinámicas familiares—, ese vínculo cara a cara sigue siendo irremplazable. 
El programa Escuela Abierta a la Comunidad, que conduce Teresa Patronelli, promueve la participación activa de las familias en la vida escolar, algo que la Ciudad viene impulsando como política de Estado hace varios años. La apuesta es clara: una escuela que involucra a los padres no solo tiene mejores resultados académicos, sino también mayor cohesión comunitaria.
Los nenes levantaron la mano y prometieron. Los adultos, del otro lado, también asumieron un compromiso —aunque sin bandera de por medio. La escena en el St. Brendan’s fue una foto chica de algo más grande: la apuesta de la Ciudad por una educación que se construye junto a quienes la viven todos los días.




