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Las autopistas porteñas ya funcionan 100% sin barreras

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Desde el 1 de mayo, las autopistas de la Ciudad de Buenos Aires funcionan con un sistema de peaje completamente inteligente: ya no hay cabinas, barreras ni necesidad de detener el vehículo para pagar.

La transformación alcanza al 100% de la red porteña y apunta a modificar de manera definitiva la forma en que miles de automovilistas atraviesan los principales corredores de tránsito de la Ciudad.

El cambio no es solamente tecnológico. En la práctica, significa que el conductor puede atravesar los puntos de cobro manteniendo la marcha, mientras un sistema de cámaras y sensores identifica el vehículo y registra el pago de manera automática.

De esta manera, el tradicional esquema de detenerse, esperar, abonar y volver a acelerar queda reemplazado por una modalidad denominada Free Flow, pensada para reducir las demoras y hacer más fluida la circulación.

La Ciudad completó así un proceso que comenzó varios años atrás y que fue avanzando progresivamente sobre las distintas autopistas porteñas.

La eliminación de las cabinas representa uno de los cambios más visibles, pero detrás de esa modificación existe una estructura tecnológica encargada de reconocer cada vehículo y asociarlo con el mecanismo de pago correspondiente.

Los nuevos pórticos funcionan mediante distintos sistemas de detección. Por un lado, cuentan con cámaras capaces de leer automáticamente las patentes de los vehículos.

Por otro, incorporan sensores que identifican los dispositivos TelePASE. Toda esa información es procesada en tiempo real, de modo que el sistema puede determinar qué vehículo pasó, registrar el cruce y vincularlo con la cuenta correspondiente.

Para quienes circulan habitualmente por las autopistas, uno de los principales cambios está relacionado con los tiempos de viaje.

Ya no resulta necesario reducir considerablemente la velocidad frente a una estación de peaje ni formar una fila detrás de otros vehículos.

En los momentos de mayor circulación, esta modificación puede resultar especialmente significativa porque elimina uno de los puntos donde tradicionalmente se producían acumulaciones de tránsito.

Según las estimaciones difundidas sobre el funcionamiento del nuevo esquema, una persona que realiza dos viajes diarios puede llegar a recuperar hasta 36 horas al año que anteriormente podía perder en esperas frente a los peajes.

El dato permite dimensionar el impacto que una reducción de apenas unos minutos por recorrido puede generar cuando se repite todos los días.

La transformación también tiene un componente vinculado con el consumo energético. Al desaparecer las cabinas y buena parte de la infraestructura asociada al sistema tradicional, se estima una reducción cercana al 80% en el consumo eléctrico.

A esto se suma una disminución de las emisiones de dióxido de carbono relacionadas con los vehículos que permanecen detenidos o avanzan lentamente para atravesar los puestos de cobro.

La transformación abarca las principales autopistas administradas por la Ciudad. La Autopista Illia fue una de las primeras en completar el proceso: sus cabinas fueron eliminadas en 2023 y desde entonces funciona bajo el esquema de cobro automático.

El Paseo del Bajo, en tanto, incorporó el sistema Free Flow desde su inauguración en 2019, inicialmente destinado al tránsito pesado y a los micros de larga distancia.

En la Autopista 25 de Mayo también se implementaron pórticos de lectura automática. Uno de ellos se encuentra en el acceso Alberti y otro está ubicado a la altura de la avenida Varela, reemplazando las antiguas cabinas que funcionaban en el sector de la Autopista Dellepiane.

Una particularidad de este corredor es que un mismo recorrido puede llevar al conductor a atravesar dos pórticos, aunque el sistema registra un único cobro por el paso correspondiente.

La Autopista Perito Moreno fue otro de los puntos centrales de la modernización. Allí, el peaje Parque Avellaneda completó la reconversión con la eliminación de 30 cabinas y su reemplazo por la infraestructura automática.

Con esta última etapa, toda la red porteña administrada bajo este esquema quedó integrada al sistema de peaje inteligente.

Pero la desaparición de las barreras no significa que desaparezca la obligación de pagar. Por el contrario, para circular por las autopistas porteñas es necesario contar con TelePASE.

El sistema es el mecanismo utilizado para identificar al vehículo y asociar cada paso con una cuenta de pago.

Este punto resulta especialmente importante para quienes todavía no realizaron la adhesión. Un vehículo que atraviesa los pórticos sin estar correctamente incorporado al sistema puede quedar registrado mediante la lectura de su patente y quedar sujeto a una sanción por evasión del peaje.

Es decir, que la ausencia de una barrera física no implica que el cobro deje de existir ni que el paso pueda realizarse gratuitamente.

La adhesión al TelePASE puede realizarse de manera digital, tanto a través de la plataforma correspondiente como mediante las aplicaciones de pago habilitadas.

El objetivo es que el proceso de incorporación sea sencillo y que el conductor pueda tener asociada su patente a un medio de pago antes de utilizar las autopistas.

Desde mi mirada, el aspecto más importante de esta transformación está en que el peaje deja de ser un lugar concreto donde el tránsito se detiene y pasa a convertirse en un proceso prácticamente invisible para el conductor.

El vehículo continúa su recorrido y la tecnología se encarga de registrar el paso y resolver el pago en segundo plano.

La modificación también marca un cambio en la relación entre infraestructura y movilidad urbana. En una Ciudad donde los tiempos de traslado tienen un peso cada vez mayor, eliminar puntos de detención puede contribuir a una circulación más continua y previsible.

La verdadera dimensión del cambio se verá en el uso cotidiano, pero la transformación ya es concreta: las autopistas porteñas dejaron atrás las cabinas tradicionales y entraron definitivamente en la etapa del peaje sin barreras.