
Cada tanto, uno presencia un acontecimiento que no solo resume un año de trabajo, sino que deja en evidencia hacia dónde va una transformación social.
Esa fue exactamente la sensación que experimenté en el Salón Presidente Perón de la Legislatura porteña, donde el cierre del programa Mentoreo de Mujeres Digitales reunió a cien mujeres que decidieron desafiar las estadísticas, romper techos de cristal y hacerse un espacio en un mundo tecnológico que todavía las mira de reojo.
Cuando una mujer abre camino en tecnología, no avanza sola: empuja a todo el ecosistema hacia adelante, fue una de las frases que más se repitió entre mentoras y participantes, un mensaje que resumió el espíritu de un encuentro que no buscó celebrar un cierre, sino marcar un punto de partida.
El panorama general de la industria tecnológica en Argentina y en la región sigue siendo el de un territorio donde las mujeres deben recorrer un camino más empinado que sus pares varones.
Las cifras no dejan lugar a dudas: en Latinoamérica, solo entre el 29% y el 43% de quienes ingresan a carreras STEM son mujeres; en programación, ningún país supera el 23%.
La situación local tampoco se distancia demasiado: pese a que las mujeres son mayoría en las universidades, apenas alcanzan el 37,3% de la matrícula en disciplinas científicas y tecnológicas, y solo el 20,3% elige carreras de programación.
A esto se suma una brecha salarial promedio del 17% dentro del sector IT, y el hecho de que apenas el 22% accede a puestos directivos o de toma de decisiones.
En este contexto, la propuesta de Mujeres Digitales aparece como un punto de apoyo crucial. No es un curso más, ni una charla más: es un entramado de mentorías personalizadas, formación, acompañamiento, escucha y construcción de confianza profesional que busca revertir desigualdades históricas.
El programa ya alcanzó a más de 500 estudiantes y egresadas, generando un espacio donde cada participante recibe orientación concreta para diseñar su perfil profesional, fortalecer habilidades blandas y técnicas, y trazar un camino posible dentro de un ecosistema que cambia a gran velocidad.
Durante noviembre, las pantallas se llenaron de voces: más de 30 mentoras, todas referentes con trayectoria en tecnología, ofrecieron encuentros virtuales donde trabajaron con grupos de estudiantes sobre recorridos de formación, revisión de CV, estrategias para entrevistas y herramientas para presentarse en entornos laborales altamente competitivos.
Cada sesión no solo brindó conocimientos, sino que también aportó algo que las estadísticas jamás reflejarán: la sensación de que una profesional experimentada está ahí, del otro lado, para guiar, corregir y alentar.
Ese proceso encontró su cierre natural el 19 de noviembre en la Legislatura porteña. Allí, en un salón colmado, una dupla de coaches coordinó una dinámica enfocada en revisar metas, identificar fortalezas y, sobre todo, reconocer que el crecimiento profesional no es lineal, sino una construcción colectiva.
La energía del encuentro fue tan palpable que varias asistentes mencionaron que era la primera vez que compartían un espacio con tantas mujeres interesadas en tecnología, un dato que expone la dimensión cultural del desafío.
La jornada también permitió dimensionar el crecimiento del programa: más de 900 mujeres participaron de charlas con referentes IT durante el año, y más de 80 se sumaron a la última Game Jam realizada en el Centro de Simulación, donde desarrollaron videojuegos en equipo, una experiencia que combinó creatividad, trabajo colaborativo y, sobre todo, confianza en el propio potencial.
Las voces de participantes como Melina Nogueira o Romina Zagordo pusieron en palabras lo que los números confirman: el acompañamiento transforma, habilita, empodera y abre puertas que muchas veces parecían cerradas de antemano.
Ambas destacaron que el mentoreo les permitió entender sus fortalezas, identificar oportunidades laborales y, sobre todo, derribar el mito de que la tecnología es una industria “para otros”.
El cierre formal del encuentro llegó de la mano de la entrega de constancias, un gesto simbólico pero profundamente significativo.
Más allá del diploma, lo que se reconoció fue el compromiso de cada participante y, en especial, la tarea voluntaria de las mentoras, profesionales que deciden donar tiempo y saber para que otras mujeres puedan dar pasos firmes hacia empleos de calidad y posiciones de liderazgo.
El encuentro en la Legislatura no solo celebró lo logrado: dejó en claro que la construcción de un futuro tecnológico más equitativo ya está en marcha.
Programas como Mujeres Digitales no resuelven la brecha de género por sí solos, pero sí encendieron una luz que cada vez más mujeres están dispuestas a seguir.



