
Un hombre decidió probar algo raro. Entrenar cuervos salvajes. No para trucos tiernos. Para que atacaran gorras rojas. Primero fue lo básico. Plástico rojo. Comida debajo. Repetición. Paciencia.
Los pájaros aprendieron rápido. Voltear el objeto. Cobrar premio. Después vino el siguiente nivel. Cambiar el plástico por una gorra real. Mismo color. Misma lógica. Las aves se lanzaron sin dudar.
Los videos muestran cómo en menos de dos minutos dejan a un maniquí sin sombrero. Internet se rió. Pero los especialistas no. Porque estas aves son famosas por algo: aprenden entre ellas. Copian. Enseñan. Transmiten.
Eso significa que el comportamiento podría multiplicarse. Pasar de patio en patio. De generación en generación. Hasta que usar algo rojo —aunque sea una gorra de béisbol— se vuelva un riesgo.
Lo que empezó como contenido viral… ahora abre una pregunta incómoda: ¿Hasta dónde es divertido jugar con animales salvajes… cuando ellos no entienden que solo es un experimento para likes?
Esta información se elaboró con base en videos difundidos en redes sociales por un creador conocido como “Biz Dave” y en advertencias de especialistas sobre condicionamiento animal. El presente contenido tiene fines informativos y narrativos.
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