
Con la nueva Ley 6.956, el Gobierno porteño podrá cruzar el ADN de las escenas del crimen con los perfiles de imputados y condenados para resolver delitos más rápido
La Ciudad puso en marcha el Registro de Perfiles Genéticos, un sistema que va a cruzar la evidencia biológica recolectada en las escenas del crimen con los perfiles de personas imputadas y condenadas por la Justicia. En criollo: ya no va a haber caso «aislado». Cada rastro de ADN va a poder dialogar con otro, y eso puede ser la diferencia entre resolver un crimen o dejarlo archivado.
«Creamos el Registro de Perfiles Genéticos, un paso inédito para no dejar ni un solo malviviente libre. Vamos a poder cruzar el ADN de las escenas del crimen, identificar a los culpables y conectar investigaciones. Se terminó el vale todo. Ley y orden», disparó el Jefe de Gobierno, Jorge Macri, dejando bien en claro hacia dónde apunta esta nueva etapa.
Un cambio de fondo en la estrategia de seguridad porteña
Y la verdad es que esto no aparece de la nada
. Se suma a otras medidas que Macri viene desplegando desde hace tiempo: más policías en la calle, el Anillo Digital que monitorea la Ciudad, la pelea contra las mafias de los trapitos y los manteros, la recuperación de propiedades usurpadas, la famosa «Operación Muro» en los límites porteños y los operativos de saturación en distintos barrios. La seguridad, entienden en el Gobierno porteño, se construye con muchas patas, y esta es una de las más tecnológicas.
¿Qué cambia con la nueva ley?
La Legislatura porteña aprobó la Ley 6.956, que derogó la vieja Ley 4.114 del año 2011 (¡ya tenía 15 años y estaba totalmente desactualizada!). La norma fue impulsada por la legisladora del PRO Gimena Villafruela y quedará bajo la órbita del Ministerio Público Fiscal.
Antes, aunque la Ciudad tenía la tecnología para tomar muestras biológicas, esa info quedaba encerrada en cada expediente, sin poder cruzarse con otros casos. Ahora todo cambia radicalmente:
De pocos delitos a todos los delitos: ya no se limita a casos de integridad sexual, sino a cualquier tipo de delito cometido en la Ciudad.
De condenados a imputados: se suman perfiles de personas investigadas por orden judicial, sin tener que esperar una condena firme.
Fuerzas de seguridad y Justicia incluidas: policías, peritos y funcionarios también van a registrar su ADN para descartar rápido contaminaciones accidentales en la escena del crimen.
Fines humanitarios: de manera voluntaria, va a servir para identificar personas desaparecidas o restos sin identificar.
¿Y los datos personales, están protegidos?
Sí, y bastante. Acá quiero ser bien claro porque es un punto que genera dudas: el sistema NO guarda información médica, ni historial de salud, ni rasgos físicos. Trabaja únicamente con ADN no codificante, algo así como un «código de barras» biológico que solo sirve para identificar, no para saber nada más de la persona. Los perfiles están protegidos por la Ley 1.845 de datos sensibles, la identidad solo se revela si hay un match positivo, todo acceso queda auditado, hay sanciones penales por filtraciones, y si alguien es absuelto o sobreseído, su perfil se borra al toque.
El antecedente que ilusiona: Mendoza
El modelo que tomaron como espejo fue el de Mendoza, que tiene su registro funcionando hace 10 años y es considerado el más avanzado de Latinoamérica. Los números mendocinos son contundentes: 7 de cada 10 rastros biológicos levantados en una escena del crimen logran identificar a su autor, y el 75% de los responsables de delitos graves (homicidios, abusos sexuales) ya estaban en la base de datos por delitos menores previos. Es decir: el sistema funciona, y funciona bien. 
Además, la Ciudad va a sumarse al sistema internacional CODIS, el mismo que usa el FBI en Estados Unidos, lo que la pone a tono con los estándares forenses más avanzados del mundo.
En definitiva, el Registro de Perfiles Genéticos no es solo una base de datos más: es una apuesta fuerte a que la tecnología y el ADN se conviertan en aliados clave contra la impunidad. Habrá que ver cómo se implementa en la práctica, pero la señal que manda la Ciudad es clara: cada rastro, por más mínimo que sea, puede terminar siendo la pista que resuelva un crimen. 





